Los espacios de seguridad en la comunicación y el coaching

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Crear un espacio de seguridad para las confidencias de una sesión de coaching es un aspecto de gran relevancia para el coach. Sabemos que de ello depende en gran medida el resultado del proceso. En el caso de las notas manuscritas hay una sencilla herramienta de agradecido resultado. Si se me permite me gustaría compartir una experiencia

Sentados en un moderno y solitario hall de hotel, compartimos una sesión de coaching. El ambiente desde el primer momento es relajado y cómplice, el coache explica con cierto orgullo los resultados de las tareas de la sesión anterior.

Con perfeccionismo y meticulosidad consulta sus notas pues quiere puntualizar un detalle, observo tranquila el paso inquieto de las hojas de su cuaderno, no identifica aquella línea precisa que busca.

Le propongo consultar mis notas. Acepta.

Suelo tomar pocas notas durante las sesiones aunque apunto con detalle las tareas acordadas.

Me gusta hacerlo a mano en un cuaderno pequeño que utilizo sólo para las sesiones de coaching. En una página a modo de presentación consta el nombre del coache, la fecha de la sesión y el número de orden de esa sesión. Al finalizar las notas post sesión cierro las páginas escritas desde la página de presentación hasta la última página de notas, con una pequeña grapa.

Cuando el coache acepta la sugerencia de consultar mis notas sobre las tareas, busco la página presentación de la última sesión con él, directamente con las manos abro las pestañas de la pequeña grapa, un grupo de hojas (3) se despliegan. Busco en mis notas. Cuando levanto la mirada, me encuentro con la suya cargada de sincero interés que me lanza con una pregunta.

–       Eso es una grapa ¿verdad?

Sacio la curiosidad de su pregunta.

–       Si, es una grapa. Es una manera de crear un espacio seguro para nuestras conversaciones. Mis notas quedan protegidas de un olvido, un descuido o cualquier otro imprevisto.

Ojear un cuaderno olvidado o curiosear unas notas es más difícil si está protegido por una sencilla y pequeña grapa. Así la única información a la que tienen acceso otros ojos es un nombre, una fecha y un número de orden.

El coache, me explica que en una época de su vida escribía mucho sobre sus vivencias personales, un día olvidó ese cuaderno de notas en la planta de producción de la empresa en la que él era director de producción. Fue un descuido que le incomodó especialmente, pues nunca supo si los operarios que le devolvieron el cuaderno lo habían leído.

–       Creo que no es tan importante encontrar esa nota sobre las tareas. Me gustaría explicarte algo.

–       ¡Adelante!, te escucho.

Paul Watlawich, gran experto en comunicación, explica entre sus axiomas, que no es posible “no comunicar”. En coaching cualquier gesto que comunique al cliente que el contenido de su proceso queda dentro de un espacio de comunicación segura es un camino hacia la profesionalidad que buscamos en esta profesión emergente.

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