En el 2013: Trabajar sobre la incertidumbre

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Según la RAE, el significado de la palabra incertidumbre es “Falta de certidumbre o certeza” y si buscamos la definición de certeza nos indica “Conocimiento seguro y evidente de que algo es cierto”.

Es decir, todo lo contrario al signo de estos nuestros tiempos. Charlábamos el otro día con varias personas en un evento en el que se daba a luz una nueva red social vertical de personas vinculadas a los recursos humanos (enRhed), cuando surgió una conversación acerca de ideas emprendedoras, la intervención de los denominados “business angels” y otras cuestiones relacionadas, en que alguien reflexionó acerca de las peticiones que se hacían para financiar un negocio basadas en un plan de viabilidad a cinco años, cuando la posibilidad de elaborar un plan certero no iba hoy más allá de un cuatrimestre, con suerte.

Esa reflexión, elaborada atendiendo a términos de incertidumbre económica desde el punto de vista de la promoción del emprendimiento, no es muy diferente de la que podríamos observar en nuestra vida cotidiana aplicada a lo que nos pueda suceder en el futuro, pensando en nosotros mismos. Hace algún tiempo, acontecimientos futuros podían preverse incluso con una cierta exactitud y con un muy alto porcentaje de acierto. Un ascenso en el trabajo por meritocracia o por años de servicio a la empresa, la compra de una casa o un coche basándose en la capacidad de ahorro, la entrada en el mundo laboral de los hijos al día siguiente de terminar tal o cual carrera en aquella Universidad o en aquel Máster. En cambio, prácticamente nada ofrece ahora ese “conocimiento seguro y evidente” de lo que va a suceder. Ni siquiera el porcentaje de seguridad en ese conocimiento se amplía por seguir métodos que antes resultaban prácticamente infalibles o cumplir condiciones que aseguraban un alto porcentaje de éxito. En realidad una frase muy certera para describir esta situación, bien podría ser “Mañana quien sabe que va a suceder”.

Y todo esto no tendría mucho peso específico si no fuera porque el ser humano (al menos un amplio porcentaje) trabaja justo con todo lo contrario, con la planificación para la certidumbre, cumpliendo cada paso del modelo infalible para que nada salga mal, tratando, en suma, de tener el control sobre lo que va a pasar. Y además en muchas ocasiones crea algo que se añade como gasolina al fuego, las expectativas, creadas sobre bases que conocemos ahora, pero que desconocemos en que se convertirán más adelante y que ponemos a funcionar, en ocasiones, incluso como motores para nuestra motivación, con resultados a veces desastrosos. Malos tiempos para la lírica, como diría el clásico del grupo Golpes Bajos.

¿Y ante esto? Pues no cabe duda que, si es que no queremos que se adueñe de nosotros algo más que la frustración o el estrés, una tarea que debemos de ponernos en los deberes para este 2013 es trabajar con la incertidumbre. Trabajar con ella como un concepto que, queramos o no, ha estado siempre presente en nuestras vidas, solo que ha pasado de secundario a protagonista y que por necesidad, debemos de conseguir que forme parte de nuestras vidas como algo consustancial. Se puede navegar en aguas turbulentas si aceptamos que son turbulentas y nuestra navegación se corresponde con esa circunstancia. Se trata de vivir cómodamente instalados en la incertidumbre.

¿Qué cómo hacerlo? Pues atención, los mapas siguen existiendo. No perdamos de vista esto. A pesar que no podamos predecir si el resultado final de un objetivo que tengamos será alcanzado, sí que podemos contar con hojas de ruta que yo denomino “flexibles”, que indiquen cual es el camino ideal entre el punto de partida y el punto de llegada, pero con la posibilidad de modificar dicho camino conforme vayamos encontrando los obstáculos. Se trata en suma de ir trazando nuestra propia ruta en función de las dificultades que nos encontremos en nuestra propia realidad, que obviamente diferirá de las que se encuentre cualquier otra persona.

Se elimina así el principal componente del porqué las expectativas no suelen cumplirse, el basarlas en circunstancias no ya que no conocemos, sino que en su inmensa mayoría no dependen de nosotros. Por tanto, siendo capaces de mantener la suficiente flexibilidad y adaptabilidad a los cambios, de manera que ante las dificultades y obstáculos vayamos diseñando sobre la marcha la forma de sortearlas sin que sea necesaria la intervención de otros, seremos también capaces de vivir, más o menos cómodamente, en la incertidumbre.

En esencia esto es funcionar con un paradigma de algunas religiones como el budismo, el vivir el aquí y el ahora. El pasado ha servido de aprendizaje y el futuro se construye en cada minuto que pasa. Obviamente existe una dificultad principal que es nuestra caja de seguridad, nuestra área de confort en la que vivimos en la ilusión de sentirnos seguros y de la que resulta tan difícil salir por nuestro miedo a “lo que vamos a encontrarnos fuera”. En ese sentido y si la persona no es capaz de salir sola, tiene una ayuda fundamental, un buen coach, una de cuyas habilidades principales es asistirla para encontrar las llaves del candado y abrir la puerta. Por tanto, en este 2013 tiene todavía más sentido utilizar los beneficios que el Coaching puede aportar, en este caso afrontando la más seria de las dificultades que hoy podemos encontrarnos, la incertidumbre.

Desearos a todos que encontréis lo que buscáis, en paz, serenidad y con mucha alegría, para este nuevo año. Aquí estaremos para aportar nuestro granito de arena a que así sea.

José Barroso
https://coachingparatodos.com

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