¿Cómo afrontar las discusiones? Por Carlos Grau Belda.

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Discusiones Herramientas para evitar los enfrentamientos.

 

           Nuestro sistema de comunicación nos permite relacionarnos con el entorno, así como con las personas que nos rodean. Pese a nuestras intenciones, estas relaciones no son siempre como nos gustaría. En ocasiones, los diálogos se convierten en intercambios de pareceres, que, por una o ambas partes, pueden desembocar en una discusión. ¿Nos gustan los enfrentamientos? ¿Podemos evitarlos?

          Imagina una situación cotidiana. Puede ser la de una discusión que hallas tenido. Pudo iniciarse como un intercambio de pareceres, que fue subiendo de tono, pasando de diálogo a confrontación. En estos momentos, normalmente no se conversa, sino que se defiende vehementemente aquello en lo que uno cree, pues tienes razón y sea como fuere, la realidad es como la ves.

          Tengo razón porque tengo razón», Esto es así porque es así, son ejemplos que sirven para ilustrar el estado en que quizás nos hemos encontrado y que sirven para respaldar esas afirmaciones. Al concluir la discusión, , cabría valorar una serie de aspectos que tal vez, con el ardor de la lucha dialéctica, hemos dejado de lado. ¿Qué te aporta tener razón? ¿Qué has obtenido con ello? ¿Cómo te has sentido en la confrontación ¿Cómo te habrías sentido al dar tu opinión en otro contexto y evitar así todo lo que estas situaciones conllevan. Puede parecerte difícil, aunque es posible.

  Los intercambios de opiniones, son semejantes a una partida de tenis. En esos momentos somos Rafa Nadal. Raqueta en mano vamos a cubrir nuestra línea a toda costa. Según el diálogo se va endureciendo, los pelotazos cada vez son más fuertes y los lanzamos con más mala sangre. Al final, si el partido continúa, las ideas que defendíamos carecen de importancia y sólo buscamos prevalecer sobre el rival. Golpear más fuerte que aquel que tenemos enfrente, mandarle bolas envenenadas imposibles de atrapar, y sacarle del campo de la forma más rápida y contundente posible.

          En la mayor parte de ocasiones lo que obtenemos jugando ese partido no se corresponde con la energía y el desgaste psicológico que genera. Cuando sólo intercambiábamos pelotas, manifestando puntos de vista, antes de plantearnos morir o matar, la persona con quien conversábamos dijo algo que no nos gustó, nos hizo sentir incómodos, atacados, molestos… En esos momentos fue más cómodo dejarse llevar por la inercia que empuja al coche cuesta abajo, que pisar suavemente el freno, y practicar la escucha activa pensando: ¿Cuál es la intención detrás de la acción? ¿Qué le lleva a hablarme así? ¿A qué se debe su actitud? Tratar de obtener distancia de la situación sin recoger la pelota que viene y mirar lo que hay detrás.

           En un diálogo de la novela La niebla y la doncella de Lorenzo Silva:

«—Hablando en serio, ¿Qué es un malvado?

—Creí que tendrías tu concepto de eso.

—Pues no —contesté—. He conocido a gente que hacía el mal, por supuesto. Pero no estoy seguro de haber conocido a ningún malvado. He conocido locos, inconscientes, estúpidos, cobardes, soberbios, ambiciosos, débiles, imprudentes. Pero malvados, lo que se dice malvados, no. Todos se buscan una excusa para convencerse de que las circunstancias les habían llevado ahí. Un malvado no se busca excusas. Hace daño y se queda tan ancho. Te he oído unas cuantas excusas esta noche. Así que no; no me das la talla».

  Por lo general, nadie actúa mal a sabiendas. Normalmente, cualquiera de los contendientes de esa partida de tenis se cree legitimado para sostener lo que sostiene y piensa que es lo adecuado. Es posible que las causas que desencadenaron la discusión sean ajenas a ambos, motivadas por factores externos, o quizás no. Fuera como fuere, ambos actúan correctamente desde su punto de vista.  Y… ¿Qué hacer cuando nos ocurre? ¿Callar? No decir lo que se piensa? ¿Dejar que la otra persona pase por encima?

  La perspectiva temporal es importante. Aunque tengamos la urgencia de manifestar lo que creemos en el momento, tal vez no sea imprescindible y pueda esperar a que el receptor esté en condiciones de escucharlo, y tú en la mejor situación para expresarte. Te invito a buscar un momento más idóneo y si me permites, empieza la conversación indicándole a tu interlocutor cómo te hizo sentir aquello que dijo, pero sin recriminaciones. «Me he sentido así». Después, desde la tranquilidad, la posibilidad de manifestar aquello que pensabas sin que se caldeen los ánimos puede ser más viable. ¿Qué obtienes actuando así en lugar de discutiendo?

  Pese a todo, no hay que obviar la hipótesis de que el tema abordado sea difícil para la otra persona, y le haga ponerse en guardia. En ese caso, recordar que no hay un punto de vista sino una vista desde un punto y que en una situación no hay perspectivas correctas o incorrectas, sino que todas son parcialmente verdaderas y limitadas, nos permitirá relativizar lo acaecido y afrontar nuestras relaciones desde la tolerancia y el respeto, tanto a nosotros mismos como a aquellos que nos rodean.

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