Mario López Guerrero entrevista esta semana a Felipe García Rey

 en Coaching, Todas las publicaciones

Entrevista con

Felipe García Rey

Felipe GarcíaHablar con Felipe es no parar de aprender y sobre todo, te entran unas ganas increíbles de hacer cosas, de llevar a cabo proyectos, sueños, ilusiones, pero hacerlas de verdad, no quedarse en palabras, sino de ponerle patas a los sueños y empezar a andar. Conocí a Felipe en una formación sobre cómo nos relacionamos las personas y allí coincidimos los dos bajo el mismo color: amarillo chillón. Unas semanas después, por una de esas casualidades que no existen, estábamos tomando un café y empezamos a dar vida a muchos proyectos. Desde luego, hay un antes y un después de haberle conocido.

 Luces, cámara, acción. Acabas de crear «Grupo Acción Consciente» junto a Leandro Fernández Macho ¿Qué es «Grupo Acción Consciente»?

Nuestro lema es que contribuimos a desarrollar tu máximo potencial. ¿Por qué acción y por qué consciente? Porque sin acción no hay nada. Tú puedes tener una idea maravillosa, pero si no haces nada al respecto, no tienes nada. Esto se ve mucho en el mundo emprendedor cuando vas a una entrega de premios y oyes: «esa idea se me ocurrió a mí»; entonces, le preguntas: «¿Y por qué no la pusiste en marcha?»… «No, es que»… Entonces no tienes nada. Ideas sin acción se quedan en nada. Y la acción tiene que ser consciente. Consciente de tus emociones, de tu estado, de tu realidad, de tu objetivo. Estamos acostumbrados a ir corriendo como pollos descabezados, actuamos como locos. Si eres consciente es cuando pasas a estar acostumbrado a pensar, a sentir.

Yo, que vengo del mundo directivo, te ves que corres como un loco, para aquí, para allí, coges aviones, haces proyectos, pim, pam, pum y se te pasa el año y dices tú: ¿para qué?

Creo que viene de algo que yo digo en mis charlas y que tú has escuchado en alguna de ellas. Yo hablo de «educastración». Creo que nos han «educastrado» y nos han enseñado a hacer, pero no a pensar. Por eso, acción consciente es muy importante: que tú hagas cosas conscientemente. Que seas consciente de lo que estás consiguiendo, de lo que estás sintiendo, que lo palpes, que lo sientas.

«Tú puedes tener una idea maravillosa, pero si no haces nada al respecto, no tienes nada.»

¿Cómo recibe la gente esto de ser conscientes, de pensar y hacer conscientemente?

Cuando se lo explicas a alguien, cuando estás en una ponencia o en un coloquio ves que todo el mundo hace con la cabeza: «sí, sí, tienes razón»; pero pocas veces se lleva a cabo lo que dices. Dicen «sí, tienes razón» pero salen por la puerta como locos y siguen corriendo. «Sí sí, tienes razón. Tengo que pensar qué es lo que quiero, pero sabes, tengo en la agenda cincuenta reuniones y tengo esta semana que es una locura».

Yo siempre digo lo mismo: es como si no tuvieras tiempo para cuidarte, para pensar en ti de verdad. Verás, cuando a alguien le digo: «Yo, el viernes por la tarde lo tengo reservado para mi gente, para planificar el resto de la semana o el resto del mes»; te dicen: «¿Qué tú tienes reservado el qué, para hacer el qué?»; te miran como que eres un bicho raro. Es como si tú me dices tienes el viernes para cuidar tu cuerpo y no tener enfermedades y yo te miro como un bicho raro.

Pero, ¿tú aprendiste a actuar conscientemente?

Sí, aunque también es cierto que a mí la vida me lo ha enseñado de una manera nada delicada. Y gracias a que la vida me ha enseñado que no todo es correr, me tomo muy en serio el pensar, el sentir, el planificar las cosas, el ser muy consciente de lo que quiero hacer.

«La vida me lo ha enseñado de una manera nada delicada.»

¿Cómo te lo ha enseñado la vida?

La vida a mí me ha pegado dos hostias de salud que para mí han sido y son un regalo porque me han despertado del sueño de correr, correr, correr como un pollo descabezado. Me he cuestionado todo. Me he cuestionado mis creencias.

Muchas veces tus creencias, tus valores, no son tuyos, son heredados. Muchas veces te encuentras a gente luchando por los sueños de sus padres y de sus abuelos… que, ¡ojo! Son cojonudos, son maravillosos, pero muchas veces no son suyos y no les hacen felices. Yo traía muchas creencias, muchas programaciones que no eran mías, que eran de mis papás, de mi familia, de mi entorno. Eran maravillosas, eran impresionantes, pero no eran mías.

Por eso me gusta tanto el coaching. Cuando te permites el lujo de quitar esas creencias, valores, programaciones, en ese momento te sientes desnudo porque dejas de lado toda tu historia. Y ahí es cuando viene el segundo paso, ahí viene la acción, tienes que programarte de nuevo. Traer cosas nuevas a tu vida que te llenen de verdad.

Yo lo comparo con un armario. Llegas a casa y el armario está lleno de ropa. Es el armario de toda tu vida. Está lleno de trajes grises y tú decides que quieres un traje naranja. Eres consciente de que tienes que quitar uno gris porque no hay más hueco… O como dice mi mujer: o te compras un armario nuevo o te cambias de casa, no hay más. Al final, tienes que quitar uno de esos trajes a los que les tienes cariño porque te los regaló tu mamá. Tienes que quitarlo y poner el tuyo. Es un momento incómodo, muy incómodo, pero poco a poco vas luchando por lo que quieres de verdad.

Digo lo de los trajes grises porque me sentí muy identificado con los hombres de traje gris de «El Sorprendedor» de Sergio Fernández. Yo he estado muchos años con un traje gris, eso sí, siempre con corbatas de color.

Yo traía muchas creencias, muchas programaciones que no eran mías, que eran de mis papás, de mi familia, de mi entorno. Eran maravillosas, eran impresionantes, pero no eran mías.

Quiero un traje nuevo, pero tengo todos estos. Es como el que dice: quiero y no puedo.

Entonces no me digas «quiero y no puedo», dime «no quiero», directamente. Quiero ser astronatruta, pero no me puedo pagar un viaje a la NASA. De acuerdo, pero ¿cuál es tu primer paso? Porque a lo mejor estás definiendo tu objetivo a muy largo plazo y tienes objetivos intermedios. ¿Cuál es el primer paso que puedes dar para conseguir ese objetivo? Puedo ahorrarme todos los meses 50 euros y en 200 años, tengo el dinero. Vale ¿Eso es realista? No. ¿Qué puedes hacer de verdad?… Muchas veces el quiero y no puedo es un muro que tú te pones para no seguir corriendo, por lo que sea, porque tienes miedo, dudas. Eso es normal, pero no te pongas excusas.

Es como la gente que te dice: «quiero ir al gimnasio»; y le preguntas a los dos meses: «¿Empezaste el gimansio?»… «¿Sabes qué pasa? Es que no puedo porque tengo un trabajo que no me deja tiempo…»; y a los cuatro meses, le vuelves a preguntar: «¿Empezaste?»… «Ya sabes lo de mi trabajo y ahora me metí en un curso…» Acaba el año y no han ido al gimnasio. No te mientas a ti mismo. No quieras quedar bien contigo mismo ni con los demás. Sé sincero: di no quiero.

Yo esta mañana tenía que ir al gimnasio. He recuperado mi viejo hábito de ir a las siete al gimnasio. Lo hacía hace muchas años y me venía superbien. Empecé con el trabajo, dejé de poder ir por la mañana, luego no podía ir al mediodía, luego no iba nunca. Ahora, lo he recuperado, para mí es energía. Pero hoy no he ido, ¿por qué? Porque no he querido. Ayer me quedé con mi mujer hasta las tantas, sonó el despertador y no quería ir al gimnasio ¿Para qué me voy a mentir? Llega un momento en el que tienes una doble conversación en tu cabeza: «tienes que ir, no puedo, bueno yo quería pero no he podido porque claro». Sé sincero, ¿Te vas a mentir a ti mismo?

Cuando la gente me dice «yo es que no puedo hacer esto ahora»… Por ejemplo: «yo no puedo ir al gimansio por la tarde»… Si tú, y te lo digo a ti, Mario. Si tú: o vas al gimansio por la tarde… y perdón por ejemplo que es muy bestia… o tu mamá se muere ¿Qué haces?… Entonces no me digas que no puedes, dime que no quieres. No te mientas a ti mismo.

«No te mientas a ti mismo.»

Es fuerte.

Es fuerte, pero es que la vida es así de fuerte. Vamos a ver, vamos por la vida con paños calientes. «Yo es que…» ¡Las excusas son cojonudas! De hecho yo en las ponencias de gestión de tiempo digo que las excusas cumplen varias reglas. Una de ellas es que no sirven para nada: una vez que las dices, la realidad sigue igual. Vale tienes una excusa, ¿en qué ha cambiado tu realidad? En nada. Muy bien. Otra regla es que siempre va a ver alguien que entienda tu excusa porque posiblemenete también sea la suya. Siempre tienes con quien compartir la excusa. ¿Qué te ha aportado? ¿Qué ha cambiado? Nada. Es un ciclo. Lo único que te puede aportar es que cada vez miras más hacia abajo y miras ya casi en  vertical.

Antes, cuando iba por la calle, me fijaba en la gente y contaba el número de personas que miraban del horizonte hacia abajo. En programación neurolingüística se estudia que las personas que miran hacia abajo van ensimismadas en sus miedos y que si tú a una persona le dices que piense en algo bonito, de repente, mira hacia arriba. Pero la gente sigue mirando hacia abajo y cualquier excusa es buena para mirar hacia abajo, porque hay una baldosa, porque la acera está mojada, hay muchas excusas para no mirar hacia arriba.

Me he quedado con la frase de mentirnos a nosotros mismos, ¿por qué nos mentimos a nosotros mismos?

Quizás porque tenemos miedo a aceptarnos con todas las consecuencias, a asumir quiénes somos, que somos personas que tenemos miedos y un potencial del copón de la baraja. Un potencial maravilloso, increíble. Aceptamos antes lo que nos dicen los demás, que lo que nosotros en el fondo sabemos que somos.

Yo tengo un peque, Álex, de siete meses. Lo que jamás le diré es lo que es y lo que no es. En inteligencia emocional se dice que hasta los seis años se graban a fuego los patrones y conductas de las personas. Cuando tú a un niño le dices «tú eres la oveja negra», «éste me salió un traste de narices», «es supernervioso». Ese niño pequeño, para el que su mamá es la persona más increíble del mundo mundial y ha escuchado eso de ella durante seis años ¿Qué va ser? Ser un traste.

Al pasar los años, tú te defines con las palabras de los demás, de tus papás, de tu gente, de tu entorno. Te quieren muchísimo, pero te defines con sus palabras. Cuando despiertas y quieres definirte con tus palabras, ¡guau!

Hay un doble efecto. Por un lado, contigo porque te descubres realmente con todas sus consecuencias. Y por otro, generas un efecto en tu entorno. Como dices algo totalmente distinto, generas incomodidad: «Felipe, ¿qué has tomado? ¿Con quién adas? ¿En qué sectas estás?» Cuando le dije a mi madre que estaba haciendo Firewalking, mi madre me dijo: «Filliño, ¡cuidado!». Ella lo probó hace poco y ahora se lo está comentando a todas sus amigas. Después de la incomodidad, generas aceptación y luego, contagias. Me encanta el contagiar. Santiago Vázquez habla de la gripe H, pues yo lo mismo. Hay que contagiar. Todos podemos contagiar. Si somos capaces de contagiar la crisis mental de decir que todo está mal y a las nueve de la mañana ir todos con un ánimo bajísimo; somos responsables  de contagiar la buena energía, el decir descúbrete, acéptate y desarróllate.

¿Y cómo te desarrollas?

Tú para desarrollarte tienes que saber de dónde partes y qué quieres hacer. La gente muchas veces se queda con qué quiero hacer, pero no ve el de dónde parte.

Y eso es dar el primer paso, ¿no?

Equiliquá. Mucha gente dice quiero hacer, pero no hace. Lo de las ideas que hablábamos antes. Piensan lo que van a hacer, pero la pregunta es ¿cómo estás ahora? ¿De dónde partes? Asienta los pies. Asume la realidad. Sé consciente de lo que eres y de dónde estás.

Ahora estoy haciendo un experimento raro y me encanta. A las cajeras o a quien me sirve el fiambre cuando voy a hacer la compra, les sonrío y les llamo por su nombre porque para eso lo tienen en una chapa. Se quedan aluncinadas y alguna te pregunta cómo lo sabes.

Entonces, se trata de ser consciente del presente y hacer consciente a las otras personas.

Eso es. Ser consciente de ti, de dónde estás, de la gente que te rodea, de tu entorno… Por eso «acción consciente» son dos palabras muy potentes.

Por cierto, que no te lo he preguntado antes ¿Por qué con Leandro? ¿Qué valoras en él?

Leandro es de esas personas que aparecen cuando la vida decide que aparezcan. Hay una frase que dice que cuando el alumno esté preparado, el maestro aparecerá en su camino.

Leandro es una persona que conozco desde hace tiempo. Siempre quedábamos para comer, para hablar de temas de desarrollo, de coaching… Hasta que un día, de manera muy natrural, muy fluida, casi sin quererlo, dijimos los dos: ¿Por qué no hacemos cosas juntos, por qué no colaboramos?

Es como si te encuentras con alguien que respira de tu mismo aire y te sientes muy cómodo.

De hecho, cuando yo me planteé salir de la compañía, yo me sentía muy cómodo haciendo algo con Leandro y a la par muy incómodo también. Cómodo porque compartimos muchos valores e incómodo porque Leandro es de esas personas que te sacan de tu zona de comodidad. Lo mismo que hago yo con él.

Decía mi abuela que la importancia de las personas se la das tú mismo y para mí, Leandro es una persona que me gusta tener muy cerca porque es ante todo, persona. Una de las primeras veces que acudí a una de sus charlas, resulta que llegué de Madrid, estaba supecansado y fui. Lo primero que dicen de él es todo su curriculum, pero lo primero que hace Leandro es echar su curriculum fuera y actuar como la persona que es. Conozco a mucha gente con muchísima formación, pero no me gustaría compartir un viaje de una hora en coche con ellos.

Antes hablábamos de que a los niños les etiquetamos como «nerviosos» o «trastes», ¿ocurre lo mismo en las empresas con los roles de cada uno?

Muchas veces se capan y se castran las habilidades y el potencial de muchos empleados. Te etiquetan… Por ejemplo, tú eres creativo, Mario. Si tengo que proponer a alguien para un trabajo creativo, te propongo a ti. Está bien, pero eso no quita que yo intente descubrir que otras personas puedan desarrollar su creatividad.

Cuánta gente hay que con esto de la «crisis»… y pon «crisis» entre comillas porque para mí también significa oportunidad… Cuánta gente hay que se reinventa. Es una etapa en la que la gente se descubre. Quita los trajes del armario y pone trajes nuevos. A algunos hasta les han robado el armario y tienen que comprar un armario nuevo.

Hay gente que normalmente se deja llevar por los hábitos, que con tanto traje gris que tienen en el armario, creen que uno amarillo va a cantar mucho y se compran otro traje gris. Los hábitos están ahí. Pero con la crisis, se rompen los hábitos. Ya sea porque te han despedido, por un cambio, porque buscas una oportunidad para cambiar. La crisis lleva a descubrirte. Hay gente que ha hecho un cambio brutal, quizás por obligacion… Por ejemplo, te dicen: «Yo era el director internacional de una multinacional»; pero ahora ¿Cuántos directores internacionales se buscan? Uno o ninguno. Ahí te han robado el armario y tienes que inventarte uno nuevo. La crisis te obliga a reinventarte, a tomar contacto con la realidad, a descubrirte.

A mí me ha pasado literalmente. Con mi cambio de trabajo, yo he ido de compras con mi mujer porque ahora no iba a estar todo el día de traje, con camisa y gemelos. Y eso me ha obligado a comprarme ropa y descubrir con qué me siento cómodo, a cambiar los trajes de mi armario.

Me gusta la metáfora de los trajes, el armario y las creencias.

Es como en la película On the Air de George Clooney. En el trabajo es todo muy metódico. Él tiene todas las camisas blancas, los trajes, los zapatitos… Y muchas veces vamos así con nuestras creencias y valores. ¿Quién te compró este traje? Mi máma ¿Y éste? Mi mujer ¿Quién te compró esta creencia? ¿Quién te la regaló?

Me viene a la cabeza la canción de Alaska de «yo soy así y asi seguiré».

Exactamente. Yo soy así, de esto no me salgo. De hecho hay un libro que yo recomiendo a mis coachees que es «La Vaca» sobre las creencias que tú tienes sobre ti mismo. Muchas veces traes creencias que no son tuyas, que son de los demás. Tú tienes un rebaño de vacas impresionante, pero las vacas no son tuyas. Tú ves la realidad con las gafas que no son tuyas. Son a lo mejor de tu mamá, la presona que tú más quieres, pero que tiene un punto de vista diferente al tuyo, no es malo, pero es diferente.

Nuestros papás muchas veces nos han regalado creencias y formas de actuar que eran buenísimas en sus tiempos. Yo esto lo tengo hablado con mi madre muchas veces en conversaciones de horas con cuatro tés por delante. Le digo que lo me cuenta estaba muy bien y eso le ayudó a ella cuando emigraron a Francia, cuando trabajaron y lo pasaron de pena y llevaron a dos canijos con ellos. Les ayudó muchísimo, pero hoy el mundo ha cambiado y eso mismo que ella hacía  hace quince, veinte o treinta años, hoy ya no sirve. Hay que hacer cosas distintas y por eso, hay que ser conscientes de tus patrones y tus comportamientos. Sólo cuando eres consciente puedes decidir.

«Sólo cuando eres consciente, puedes decidir.»

¿Qué le diríamos a la gente para que fuera consciente?

Que se parase. Que eche el freno de mano, aunque sólo sea el fin de semana. No para ver una película o irse de fiesta, sino para pararse de verdad o sino, te pasará lo que le ha pasado a un señorito: que llegará un momento en que la vida si no paras tú, te parará a ti y ahí sí que te planteas lo que estás haciendo.

Les diría que se parasen para ver ese niño interior que tienen dentro, aunque sólo sea un ejercicio para expulsar pensamientos, pero que lo hagan de verdad, que definan por escrito qué es lo que quieren. No me refiero a un coche o a una casa. Qué es lo que quieres como persona: ¿qué quieres desarrollar? ¿Qué es lo que más te preocupa? ¿Quieres ganar dinero a fin de mes, pero para qué? ¿Quieres que tu familia no pase problemas, pero para qué? Hay que llegar a la esencia, al fondo y para eso el coaching es una herramienta brutal.

«Llegará un momento en que la vida si no paras tú, te parará a ti.»

 

Je, je, je, alguno dirá: otro que viene a hablar de coaching.

Yo no hablo de coaching, a mí me gusta vivirlo. El coaching al igual que otras herramientas te ayuda precisamente a tomar consciencia. Es una herramienta que bien utilizada es muy potente, pero hay otras muchas como el eneagrama, por ejemplo. Todo tiene su parcela.

Yo en una charla hace poco decía que se vende el coaching como la pastilla maravillosa, que el coaching sirve para todo y no es así. El coaching no es milagroso, es una herramienta más.

En nuestra caja de herramientas puede haber coaching, pero puede haber otra herramienta que es la formación, otra que es la inteligencia emocional. El coaching es maravilloso, bien usado es muy potente y le puede remover al coachee, pero éste tiene que estar comprometido, querer aprovecharlo de verdad, si no, el coaching no sirve para nada.

Yo he tenido coachees con los que ha llegado un momento, en la segunda o en la tercera sesión, en que no han querido seguir porque no estaban preparados para descubrirse y no pasa nada, cada uno es libre. El coaching les ha servido hasta ese punto, pero ya no más.

El coaching te ayuda a tomar consciencia y a ordenar tus pensamientos: ¿qué quiero? ¿qué estoy haciendo? Pero requiere de un compromiso brutal. Si te mientes a ti mismo, apaga y vámosnos. Es como jugar al solitario y hacer trampas. ¡Qué tontería!… Pero a lo mejor no es una tontería ¡Te estás mintiendo por algo!

¿Para qué te está mintinedo?

Eso es. A lo mejor nos mentimos por miedo a algo. Yo últimamente estoy haciendo coaching para desempleados. Hay mucha gente que viene con historias de trabajo, rascamos y sale algo personal. Hay una creencia personal. Un miedo personal. Lo que le pasaba no es un tema profesional, es personal.

Dentro del coaching hay quien habla de coaching personal o directivo. Me parece bien porque es una forma de estructurarlo, al igual que hablar de coaching ontológico u otro tipo de coaching, pero en el fondo, yo creo que somos personas y no me cansaré de decirlo: las empresas no dejan de ser un conjunto de personas con un objetiuvo común. Para mí, el coaching siempre es personal. Otra cosa es que lo pague la empresa.

El coaching es una herramienta que te ayuda a tomar consciencia de tu realidad, te ayuda a tomar cosnciencia de tus potenciales habilidadees, te ayuda a pensar. Otra cosa es que te quieras parar a pensar.

No sé si a ti te pasa, pero yo  he escuchado a mucha gente hablar de coaching como algo misterioso, como el horóscopo o algo de brujería.

Todo tiene su sentido. Hay un grandísimo desconocimiento y bien es cierto que los que lo defendemos, no lo hemos hecho bien del todo. Yo y otros. Lo hemos defendido en foros pequeños, cercanos a nosotros, pero hay que ir más allá.

Por un lado, el coaching es una metodología que no está legalmente constituida, no está institucionalizada. Hay unas entidades privadas que lo certifican como ICF, AECOP o ASESCO y chapeau por ellas, pero falta institucionalización.

¿Quién te avala? Te avala una entidad privada. Por ejemplo, ICF que es la mayor entidad por número de asociados. Pero ¿Quién es ICF? ¿Quien es AECOP? ¿ASESCO? Cuando eres médico tienes una titulación pública, está instarurada en nuestra sociedad. ¿Por qué no hacemos el colegio ofical de coaches? ¿Por qué no hacemos que el gobierno, que somos todos y no cuatro señores de corbata, lo institucionalice? Ahora, las Universidades están haciendo un Master, ¿por qué no lo incluimos como una asignatura? Eso ayudará a ver lo que es el coaching y lo que no es. Acercarlo. Aceptarlo.

Cuando yo saqué el proyecto de coaching para desemplados, había gente que lo veía como algo para ejecutivos, presidentes. Antes de empezar siempre mantuve una entrevista personal y les pregunté qué sabían del coaching y las respuestas eran de lo más variopinto, incluso había quien me contestaba: con el coaching me vas a ayudar a ir al gimnasio.

¿Porque quería que le llevases en «coaching» al gimnasio, claro?

Debe de ser. O hacerle la mochila. Eso no es coaching. Cuando empiezan a entender lo que es coaching y ven que es algo más profundo, ahí es cuando hay gente que está preparada para seguir el proceso y quiere y gente que no quiere. Y tan respetable es una cosa como la otra.

Creo que hay que acercar el coaching a la gente. Decir esto es coaching, pero también decir esto no lo es, esto es mentoring o formación. Yo lo tengo clarísimo.

Hay mucha gente que saca cursos maravillosos de coaching y tú vas a la presentación y dices: ¿me puedes explicar dónde está el coaching aquí? A mí me hace mucha gracia porque hace unas semanas fui a una presentación. Me cojo el avión, veo la presentación, hablan de «constelaciones organizacionales», todo muy bionito y al acabar me preguntan qué me había parecido. Yo les pregunté a ellos: «¿Dónde está el coaching? Esto es una herramienta que es muy buena, pero ¿dónde está el coaching?» Se pusieron incómodos y uno me respondió: «Esto realmente no es es coaching». Entonces para qué ponen «experto en coaching», ¿porque vende? O como alguna otra iniciativa que he visto como «coaching con flores de Bach». Recibí un correo y pensé «me estáis vacilando». Pedí información y de coaching no tenía nada, pero la novedad vende.Esto pasa porque no está institucionalizado. Estamos ante algo que es una herramienta increíble pero definida vagamente.

¿Y en las empresas, qué opinan del coaching?

Las empresas se están informando y los responsables de recursos humanos además se están formando en coaching.

Pero la situación es como el que dice: «yo quiero que me pintes el coche rojo»; y el otro le contesta: «pero yo fabrico muebles de madera». Y el primero insiste: «Pero quiero que me pintes el coche rojo.» Y el que vende muebles de madera está muy apretado económicamente y le pinta el coche de naranja. Te dice que ahora es carpintero y pinta coches de naranja. Con el coaching ocurre lo mismo.

Si te encuentras con un coach de verdad, te dirá esto es coaching o esto es consultoría o esto es formación, pero no te va a engañar.

Creo que esto poco a poco se está haciendo cada vez más con los coaches que se certifican, con los que lo estudian y los que lo defiendemos. Hasta ahora se ha vendido todo como coaching… A mí, cuando mi madre me dijo: «¡Feli, ya sé lo que es coaching! Que David Bisval es coach». Ahí, dije: «apaga y vámonos». Con todo mi cariño que Bisbal es increíble, pero «coach», a mí hasta que yo lo vea en una sesión no lo voy a cosiderar como coach. El de la tele no es coach.

Ha salido en varias ocasiones la expresión de mirar hacia abajo, de miedos, de límites, ¿quizás sea un sentimiento de fracaso?

Algo que yo en as charlas de «Véndete» uso muchísimo son los miedos. La gente está obsesionada con no tener miedos y es la peor equivocación del ser humano.

Te pongo un ejemplo y ya sabes que yo soy bestia con mis ejemplos: si tú no tuvieras miedo, ¿para qué coño vas al zoológico y miras desde fuera de la valla? ¿Me lo puedes explicar? ¿Es que así veo la valla? Pero tú, ¿a qué has venido: a ver el león o a ver la valla? ¡Métete dentro! ¿Tú quieres ver el león, de verdad?… El miedo nos mantiene vivos. Hasta hace poco, nuestros tatatatatarabuelos corrían delante de los leones y el miedo los mantenía vivos.

Una cosa es el miedo y otra cosa es el pánico. Tener miedo es natural. El cuerpo genera hormonas, adrenalina, cuando tienes miedo. Bien para atacar, bien para huir.

El pánico es el extremo. Cuando tu cerebro ya no es capaz de gestionar esas emociones y entra en barrena. No nos centremos en no tener miedo, sino en gestionarlo. Es normal.

Cuando la gente me dice: «Cuando te pones delante de las brasas ¿Tienes miedo?» «Sí, miedo y respeto». Es normal, mi cerebro reptiliano me dice: «Feli, son 800 grados lo que tienen esas brasas ¡Eso quema, hace pupa!» Tienes miedo, sí, claro. Una cosa es que tengas miedo y otra cómo lo gestionas. Ahí está la diferencia. Miedos siempre los vas a tener.

¿Fracaso? Para mí la definición de fracaso es muy personal. Mira, esto es un truco de magia que se lo puedes hacer a cualquiera. Estás en una ponencia con un grupo de personas y les dices: «Vale, vamos a jugar. Yo os voy a leer la mente. Vamos a jugar a los antónimos y para los que no sean de letras, eso significa «lo contrario de». Quiero que ahora mismo te venga una sola palabra a la cabeza, visualízala, verbalízala internamente… Quiero que te venga el antónimo de «éxito», el antónimo, lo contrario, ponlo en la cabeza, ponlo fuerte, verbalízalo… Y ahora voy a hacer magia». Y escribes «fracaso». Todo el mundo piensa fracaso y para mí, es todo lo contrario. Para mí, el antónimo de éxito es la mediocridad, el no hacer nada. Porque el fracaso significa que no has conseguido los resultados por ahora.  Cualquier gran éxito viene precedido de por lo menos un fracaso. Voy con un ejemplo de andar por casa. Mi madre hace unas tortillas cojonudas, pero seguro que las primeras cincuenta, las quemó. Si no, no hubiera hecho esas tortillas. Hay que ir poco a poco. Sacar lo bueno del fracaso.

Estamos acostumbrados a la «educastración». Corregir con rojo lo que hemos fallado, en lugar de corregir con rotulador verde qué sacamos de ahí: he aprendido que la tortilla hay que dejarla menos tiempo, que si no, se me pega.

Del fracaso ¿Qué has aprendido? Y vuelve otra vez. Que vuelves a fracasar, vuelve otra vez. La luz, la bombilla es el fracaso numero mil. Como decía Edison. he descubierto 999 maneras para no dar luz. Ahí está el matiz. Le tenemos miedo al miedo y al fracaso. El fracaso es normal. Si no, nos quedamos en el sofá, en nuestra zona de comodidad, en no hacer nada. En no ser conscientes y en no hacer nada.

«Le tenemos miedo al miedo y al fracaso.»

Así que, ¿hay que lanzarse y hacer lo que queremos de forma consciente?

Eso es. Yo he colgado la corbata para centrarme en las personas. No es una creencia. He comprobado el potencial que tiene la gente cuando quiere algo de verdad y ¡Guau! De ahí, los los eventos de alto impacto como el Firewalking. Que son eventos que te acceleran si tú quieres que te acceleren. Son un momento para que tú, sin excusas, te enfrentes a tu potencial y salgas transformado. Cuando lo ves no solo una vez, sino con cincuenta, con doscientas personas… Hay mucho potencial. Yo quiero contribuir a que los demás brillen. Me gustaría brillar con el brillo de los demás. El cielo no es una estrella, es un conjunto de estrrellas. Si brillo solo, es muy triste ¿y si brillamos todos? Eso es lo que quieroe y si consigo que tú brilles un poco más, eso es lo que da sentido a la vida y por eso creo que 2013 va a ser maravilloso.

Me encanta y estoy de acuerdo. Tengo una pregunta ¿qué piensas de los sueños?

Los sueños son la única razón por la cual tú te levantas por las mañanas. Si te paras a pensar… «A ver, Mario ¿Por qué te has levantado hoy por la mañana?  No, porque había quedado hoy contigo. Pero, ¿para qué has quedado conmigo? No, para hacerte una entrevista. Vale, pero ¿para qué? No, porque quiero ponerla en la web. Ya, pero ¿para qué?…» Y si sigues y sigues rascando, alllí al final de todo, si tú te dejas que esa es otra, verás que hay un sueño. Hay algo ahí atrás… Los sueños, la única razón por la cuál tú te has levantado hoy.

«Los sueños, la única razón por la cuál tú te has levantado hoy.»

¿Sueñas?

Mucho. Hasta despierto.

¿Y algún sueño que tengas ahora?

Seguir viendo a mi niño sonreír.

¿Qué me falta por preguntarte?

¿Cuándo empezamos a hacer cosas juntos?

Después de la entrevista, no lo dudes. Y para terminar ¿una frase que le podamos decir a la gente?

Mi lema y tú lo sabes y está en la web de Grupo Acción Consciente, es una frase de Albert Einstein: «Si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo». Y eso para mí puede ser un detonante de qué es lo que quieres que ocurra en tu vida.

Muchas gracias, Felipe.

Por Mario López Guerrero

Posts recomendados

Escribe un comentario

¿CÓMO PUEDO PEDIR LA BECA?

Ponemos a vuestra disposición 6 becas de formación de 300€ cada una. Si se te concede, el importe de 300 euros se descontará del precio de la certificación en el momento de solicitarla.

Estos son los pasos para optar a la beca de formación:

  1. Envía tu currículo y una pequeña carta de motivación en la que nos expliques por qué quieres hacer la certificación, a la siguiente
    dirección de email: belen.candal@benpensante.com
  2. Realizar una pequeña entrevista con un coach de ICC para conocerte y que nos cuentes tus motivaciones.
  3. Recibirás la respuesta a los 2 días (laborables) posteriores a la entrevista.
  4. Importante: si se te ha concedido la beca, y para hacerla efectiva, deberás formalizar la matricula (450 euros) en el plazo máximo de 3 días desde que recibes la confirmación de concesión de la beca.

DESCARGAR DOSSIER CERTIFICACIÓN COACHING EQUIPOS ÁGILES ONLINE

Principios Agile

Esto es lo que aprenderás en la certificación para desarrollar los Principios Agile que están transformando las organizaciones:

  1. Individuos e interacciones sobre procesos y herramientas.

¿Cómo lograr ambientes colaborativos? ¿Cómo motivar a las personas a lo largo del proyecto para superar cualquier reto?

  1. Software funcionando sobre documentación extensiva

¿Cómo provocar la acción y la creatividad del equipo? ¿Cómo cohesionarles para un avance continuo y eficaz?

  1. Colaboración con el cliente sobre negociación contractual

¿Cómo sustituir la relación cliente-proveedor por la de co-laboradores? ¿Cómo integrar al cliente en el equipo ágil?

  1. Respuesta ante el cambio sobre seguir un plan

¡Imposible si no nos hemos convertido en un equipo ágil!

¿Por qué no es posible un proceso Agile exitoso sin un coach?

Los procesos Agile son muy poderosos y sencillos siempre que se apliquen con seguridad. Por ello, es necesario que el scrum master sea experto/a en gestionar personas y equipos, es decir, coach de su equipo.

Esta Certificación de International Coaching Community, entidad de referencia en Coaching de equipos, te prepara para introducir el coaching como scrum master en procesos Agile, así como para dirigir cualquier otro proyecto o equipo.