Alineando. Des-alienando.

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Los humanos éramos seres sencillos hasta poco antes de la preadolescencia:

  •  Pensábamos lo que decíamos.
  • Hacíamos lo que sentíamos.
  • Hacíamos lo que decíamos.
  • Sentíamos lo que pensábamos.

Equilibrio mente y corazon En otros términos, estábamos alineados con nosotros mismos: MENTE-PALABRA-CORAZÓN-ACCIÓN (o también, lo que quiero-digo-siento-hago) eran uno y el mismo.

Según fuimos madurando y ampliando nuestra geografía de exploración al colegio, la universidad, el trabajo, las parejas, los tipos de personas con los que interactuábamos, fuimos desarrollando estrategias para responder ante el entorno que nos rodeaba de una manera que, aparentemente, pudiera ser más efectiva. Y, sin darnos apenas cuenta, metabolizamos un esquema de actuación ante nuestro mini universo por el que, en determinadas situaciones, y muy particularmente en el trabajo, lo que pensamos acaba yendo por un lado, lo que decimos por otro, lo que sentimos es una tercera cosa y, en fin, lo que acabamos haciendo no se parece mucho a nada de lo anterior.

Desde la Psicología constatamos que, a pesar (¡o a causa!) de esas incongruencias tendemos, particularmente a partir de cumplir los 30-40 años de vida, a buscar una nueva alineación de nuestra coherencia interna, frecuentemente recalibrando nuestra maquinaria [MENTE-PALABRA-CORAZÓN-ACCIÓN] para que pueda volver a ser coherente ante nosotros mismos.

¿Cuál será la llamada de atención que nos lleva a actuar? Será esa alarma-despertador de nuestras emociones en aquella mañana en que nos levantamos con la sensación de incomodidad que nos produce nuestra ya demasiado duradera incongruencia con nosotros mismos y que retroalimenta y nutre nuestro mal-estar.

Nuestro cerebro busca permanentemente los modos de procesar cada nueva situación, cada realidad que nos rodea, para interpretarla de una manera congruente con nuestra propia visión cosmológica; es decir, con nuestros pensamientos y creencias de como el mundo debe ser… no como, de hecho, es. Esto naturalmente trae consecuencias contraproducentes para nuestra manera de vivir de un modo efectivo y calmo.

Un ejemplo. En un entorno de trabajo en el que alguien nos dice lo que tenemos que hacer (una figura de autoridad), el razonamiento que nos planteamos fugazmente es parecido al siguiente: si me dice mi jefe lo que he de hacer, y si las motivaciones (lo que realmente quiero de veras en mi vida) son absolutamente individuales y propias (como una huella dactilar), como resulta que acabo haciendo precisamente lo que me dice que debo hacer, es que entonces… yo debo estar queriendo hacerlo.

De este modo, en un proceso mental que dura apenas unas fracciones de segundo, sustituimos lo que nosotros queremos hacer realmente con esa porción preciosa de nuestro tiempo por lo que interpretamos otros nos hacen creer que debemos querer hacer.

Es este un enfoque de fuera ? adentro. En otras palabras, precisamente lo contrario de lo que se persigue cuando se realiza un proceso de coaching: que el individuo tome decisiones y actúe reflejando hacia afuera lo que su fuero interno haya previamente determinado.

Y es así, si descuidamos nuestra atención, como acabamos, incluso bajo el pretexto moral del no-egoísmo, viendo los años pasar viviendo para satisfacer las demandas, deseos, objetivos, metas, obsesiones, planes, fijaciones, caprichos, gustos y aspiraciones…de otros.

Sin embargo, cuando ese malestar nuestro no deja de visitarnos cada domingo por la tarde, llega el día en el que comenzamos a cuestionar si ese no-bienestar que experimentamos no es porque nuestro jefe, nuestra empresa, la crisis, el gobierno o los clientes no estén cumpliendo con nuestras expectativas depositadas en ellos, racionalizadas por esa suposición de que si hacemos lo que nos piden hacer, lo demás vendrá por añadidura.

Es entonces cuando comenzamos, por fin, a asumir nosotros el control de nuestra coherencia interna quiero-digo-siento-actúo.

Es así como se inicia el primer proceso de coaching. El nuestro.

Aquel en el que comienza el trabajo de verdad: el de re-alinearse consigo mismo.

Es el momento.

 

Twitter: @GregoryCajina

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