Hazle creer a tu cerebro que has dormido

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El efecto placebo, acuñado por el anestesista americano Henry K. Beecher en 1955, refiere a los efectos sobre la salud que genera un acto médico que en realidad no ha sido llevado a cabo. Esto significa autosugestionarse para creer que has tomado una medicación y que ésta está surgiendo efecto, cuando en realidad jamás tomaste nada. Pese a ser aplicado generalmente en la medicina, investigadores han comprobado que el término se extiende otras áreas además de la medicina.

El efecto placebo fuera de la medicina

Un reciente estudio de las doctoras Alia J. Crum y Ellen J. Langer de la Universidad de Harvard probó que el efecto placebo también puede encontrarse en el ejercicio físico. Para ello, informaron a uno de 2 grupos de camareras de hotel que su trabajo era un ejercicio saludable y más tarde descubrieron que este grupo había obtenido mejores índices de salud que el otro.

Otra investigación también realizada por la Dra. Langer demostró que el efecto también se aplica a la visión: dijeron a un grupo de voluntarios que los atletas tienen excelente visión y tras realizar actividades más y menos atléticas, los investigadores descubrieron que el grupo demostraba tener una mejor visión cuando realizaba las primeras.

Para continuar ampliando el espectro del efecto placebo, científicos de la Universidad Forth Military Medical de China descubrieron que los placebos de cafeína lograban mejorar el rendimiento cognitivo en pacientes privados de sueño por 28 horas.

Influenciar la calidad de sueño

Fue a partir de las investigaciones previas que las doctoras Christina Draganich y Kristi Erdal de Colorado College decidieron tomar el siguiente paso lógico e intentar comprobar si los efectos de privación de sueño podían cambiar alterando las percepciones acerca de la calidad del mismo. En otras palabras, es posible hacer que las personas crean que su calidad de sueño ha sido mejor o peor y esto afectará los efectos cognitivos de su descanso.

En una etapa inicial, los investigadores explicaron la relación entre la calidad del sueño y el funcionamiento cognitivo a los participantes del experimento y les explicaron que la media de proporción de sueño REM era del 20 al 25% en una noche. Tras la explicación, se les conectó a una máquina y les dijeron que ésta mediría su pulso, frecuencia cardíaca y frecuencia de ondas cerebrales, para usar la información y calcular la cantidad de sueño REM que habían tenido la noche anterior.

Muy pocos participantes se mostraron desconfiados ante la función de la máquina, pese a que todo era mentira. Los investigadores dijeron a algunos que su porcentaje de sueño REM había sido de 16,2% (por debajo de la media de calidad de sueño) y a otros que habían logrado el 28,7%, es decir, por encima de la media. Una vez notificados de los resultados, los participantes debieron reportar su percepción personal en torno a la calidad de su descanso y realizar un ejercicio cognitivo de suma.

Los resultados revelaron que efectivamente a quienes habían dicho que la calidad de su sueño era menor a la media tuvieron peores resultados en la prueba, luego corroborados por otras 3 pruebas cognitivas realizadas. Asimismo, un test cognitivo de fluidez verbal conocido como COWAT reveló que no solo decir a los pacientes que lograron una menor calidad de sueño lleva a que tengan un rendimiento más bajo, sino que además decirles que tuvieron un porcentaje de sueño REM mayor a la media llevó a una mejora sustancial en su rendimiento.

Fuente: Universia.es

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