El lado positivo de ser autocomplaciente

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Por Patricia Ramírez

Autocomplacencia según la Real Academia Española es «la satisfacción por los propios actos o por la propia condición o manera de ser». Muchos son los que critican a las personas autocomplacientes, interpretando que de ahí se deriva una actitud conformista, poco crítica y mediocre. Pero la autocomplacencia tiene más que ver con la aceptación que con el conformismo. Que uno disfrute de su forma de ser y de actuar, no tiene nada de incompatible con trabajar en las áreas de mejora. De hecho, el proceso de aceptación forma parte del camino hacia la felicidad.

Superarte, crecer, mejorar tu autoestima, cruzar los límites. Personas que se ven agobiadas con todos los que les presionan con la superación personal y profesional. Progresar está genial, pero para quien lo elija. Porque el virgencita que me quede como estoy también está permitido y es una opción.

Vivimos en una sociedad con constantes cambios. La tecnología nos obliga a estar al día, si te despistas, te desfasas. Cuando acabas de comprar tu último modelo de teléfono, se te ha quedado la televisión obsoleta, y cuando vas a cambiar el televisor, el ordenador pertenece a la era del brontosaurio.

Esta misma velocidad en el cambio te la impones a nivel personal y profesional. Un curso de informática, una formación sobre liderazgo, un viaje de negocios, deporte, estar al día de cómo les va a tus amigos, contestar a los mensajes del WhatsApp, incluso vestir con el último modelito o superar tu marca personal cuando corres. Está de moda el dar más, exigirse, ir más lejos, estar maravilloso por dentro y por fuera, hacer deporte y cuidarse. Pero esta corriente e imposición por la superación personal puede generar unas expectativas inalcanzables para algunos y sentimientos de frustración, la sensación de tener que estar siempre corriendo para no llegar nunca. Más para ser feliz, mejor para ser feliz. La felicidad es hoy, es esto, está en lo que tienes, no en lo que te falta.

Las personas felices lo son, no porque tengan más que los demás, sino porque su atención está puesta en lo importante, y además se recrean en ello y se sienten orgullosos. El que espera a ser feliz cuando consiga el premio (perder peso, tener hijos, encontrar al amor de su vida, cambiar de trabajo), no disfruta del camino de saborear la dieta, conocer personas encantadoras o los propios estímulos motivadores que sí tiene ahora en el trabajo. No puede disfrutarlos porque no los contempla, no los busca. Y no los contempla porque está viviendo en el futuro en lugar de disfrutar del presente. Autocomplacencia significa disfrutar de lo que eres y tienes ahora. Pero no es incompatible con querer cambiar. Mientras te recreas en lo que tienes, sigues dando pasos.

El que se siente continuamente insatisfecho con su vida, sus circunstancias y su forma de ser, no está en equilibrio.

La autocomplacencia puede ser positiva cuando…

  • Aceptas dejar de luchar y querer controlar aspectos del entorno, incluso de ti, que ahora, en este momento, no se pueden cambiar.
  • Cuando abandonas de forma consciente la lucha puesta en objetivos que perjudican tu felicidad. Hay personas que llevan muchos años queriendo perder kilos para meterse en una talla ridícula de adolescente. Aceptar unos kilos de más no significa dejarse llevar por la glotonería ni renunciar a cuidarse. Significa renunciar a metas que te quitan más de lo que te aportan.
  • Cuando das una vuelta a tu escala de valores, y terminas aceptando luchas internas contigo mismo que buscan llegar a la felicidad por el camino equivocado. Valores sujetos a cánones de belleza absurdos que te dicen que serás más atractivo a través del envoltorio en lugar del caramelo que contiene dentro. Acepta tu aspecto físico. Trata de ser feliz como eres. Esta idea no supone que te abandones. Come de forma sana, haz ejercicio, pero no te rechaces ni te mires con desprecio. Eres agradable, buena persona, simpático, honesto, eres muchas otras cosas que te dan valor. Pero están dentro de ti, no fuera.
  • Cuando aceptas dejar de complacer a todo el mundo para ser feliz. Abandona la necesitad de agradar y caerle bien a los que te rodean. Deja de vivir la vida de otros para ser aceptado y sentirte valorado.
  • Cuando aceptas que hay personas más guapas, más ricas, con más suerte, con más recursos o con más inteligencia que tú. Y no tienes que llegar a alcanzarlos. La envidia y querer tener más que nadie y estar por encima de todo el mundo es una batalla perdida. No te compares.
  • Cuando aceptas a los demás tal y como son. No puedes cambiar a las personas con las que convives. Si hay algo que de verdad sea innegociable de la forma de ser de un amigo o tu pareja, es mejor dejar a la persona que someterla a un cambio que no es capaz de conseguir, y que le lleva a sentirse inferior y poca cosa por no ser capaz de estar a la altura de tus expectativas.
  • Cuando aceptas otros puntos de vista, otras opiniones, otras formas de sentir y actuar. No tienes que someterte a ellos ni tienes por qué cambiar, solo aceptar que existen. Ni siquiera tienes que hacer juicios de valor.
  • Cuando aceptas la parte injusta de la vida. A todos nos toca alguna vez. Mira hacia adelante y sigue caminando. No te recrees en la mala suerte ni en el victimismo. No te da soluciones ni genera emociones que suman.

Se puede ser autocomplaciente y crítico. Se puede ser autocomplaciente y luchador. Se puede ser autocomplaciente y feliz. Se puede disfrutar de cómo eres ahora y de lo que tienes y aun así querer esforzarte para tener otra vida mejor. Los cambios que desees para ti no significan que te rechaces en el presente. Los cambios sirven para diseñar el camino y trabajar en él. No serás feliz cuando llegues, lo serás disfrutando el proceso.

Fuente: El Huffington Post
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