Así es la Blue School, la única escuela-laboratorio de Nueva York

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Este colegio, del célebre grupo creativo Blue Man, basa sus actividades en lo último de la neurociencia. Ken Robinson participó en el consejo asesor.

Por LOLA GARCÍA-AJOFRÍN

blue school

Al llegar a la Blue School, en la calle Water de Manhattan, en Nueva York, con vistas al río y al puente de Brooklyn, uno podría pensar que se ha equivocado y se ha colado en el estudio de algún autor vanguardista. Con dibujos en las paredes, amplios espacios para trabajar con las manos, telas, pinceles y pinturas por todas partes y con luz natural en cada rincón del edificio, diseñado como escuela por el arquitecto David Rockwell. Un grupo de niños, de unos cuatro años, que caminan en fila cantando una canción desvela la duda. Se trata del colegio creado por los tres componentes del popular grupo creativo Blue Man –Phil Stanton, Chris Wink y Matt Goldman–, actualmente en cartel, en Las Vegas y Broadway.

“Cualquier adulto adoraría trabajar en un lugar como este”, puntualiza el cofundador Matt Goldman, que nos recibe en su oficina en Nueva York, con el pelo alborotado y un jersey azul con cuadros de colores del que sobresale un cordón negro y un colgante de plata. De la manera en que Goldman se refiere al “espacio” permite adivinar el resto de la filosofía de la escuela. Lo llama: “El tercer profesor”. “Aquí los niños se sienten respetados por el entorno” y “ese es un componente realmente importante para su empoderamiento que contribuye enormemente al proceso de aprendizaje”, matiza. Algo que tuvieron “muy en cuenta” cuando los miembros del grupo Blue Man, se propusieron, en 2006, “reinventar la educación para un mundo cambiante”, a través de esta escuela.

El modelo “azul”

Al principio, puede extrañar que un grupo de arte experimental que se ha recorrido el mundo con la cara y las manos pintadas de azul –de ahí lo de “blue”–, que hace música con tuberías en alguna de sus actuaciones, que llena teatros y recibe millones de visitas en Youtube, ponga en marcha un colegio de preescolar y Primaria –desde 2015 también impartirán ESO–, pero para sus creadores no es más que un proceso natural. “Es muy bonito cómo lo cuenta mi socio Phil Stanton, cuando dice que, de igual modo que empezamos el grupo Blue Man primero y después el colegio, podríamos haberlo hecho al revés. Las dos ideas estaban intrínsecamente relacionadas”, afirma Goldman.

https://www.youtube.com/watch?v=fLlAxq5TaL4

“El grupo Blue Man nació en 1988, con una idea extravagante”, expone él, en la carta de presentación de la escuela: “Queríamos inspirar la creatividad tanto de nuestra audiencia como la nuestra propia. Dirigirnos a su inteligencia mientras alcanzábamos su inocencia infantil. Crear un tipo especial de organización, un lugar donde la gente continuamente aprendiera y creciera (…) Y queríamos pasárnoslo bien haciéndolo”.

“Así que, de muchas maneras tiene sentido que fuésemos del grupo Blue Man al Blue School”, puntualiza, “porque nuestro propósito era desmitificar el proceso de crear arte, la creatividad, la innovación y trabajar, al mismo tiempo, las ciencias neurológicas. Porque creíamos que a la pregunta de si la creatividad puede enseñarse, la respuesta es sí”. Y como todos tenían bebés o niños pequeños, buscaron alternativas diferentes a las que ofrecía Nueva York para su educación. “Queríamos algo que no se hubiera hecho”, explica Goldman.

Así fue como un grupo de outsiders contactó “con las mejores mentes”. “Creemos que para innovar primero tienes que conocer las reglas y luego romperlas. Así que tuvimos a Sir Ken Robinson, a Daniel Siegal… en el consejo de asesores”, rememora. Con esa combinación nació la escuela, hace ocho años.

Neurolociencia y aprendizaje

En una de las aulas de 4º de Primaria, 15 niños junto a sus profesores dan saltos cuando suena la música. Hay dos docentes por clase y una ratio de entre 5:1 y 8:1. Una alumna escribe una operación en la pizarra: “8 x 2” y el resto continúa dando saltos. 16 saltos. Es el resultado. La clase es de Matemáticas. Una de las diferencias de este colegio con otros es su compromiso por vincular la enseñanza a los últimos adelantados de la neurociencia. Si se conocen los procesos de desarrollo: físico, cognitivo, emocional y lingüístico, ¿por qué enseñarles de manera lineal?, se preguntan. Así un elemento presente es la música: “No solo porque es divertida e instructiva sino porque apoya el desarrollo de un cerebro flexible y construye felicidad general”, explican en el programa.

Este centro está considerado el único “Lab-School” (escuela-laboratorio) de Nueva York, “un concepto incorporado en el trabajo de educación progresiva de los filósofos John Dewey y Francis Parker”, explican en su web, lo que en esta escuela supone que “lo académico se integre con las soluciones creativas a los problemas”, aclara durante la visita, Dawn Williams, directora de Admisión del centro. Además, todos los niños asisten dos veces a la semana al estudio de arte “y conectan aquí con lo que están haciendo en clase”. Y existen espacios comunes para practicar como: el Biolab, el Media Lab, el Construction Lab, la Sala de preguntas o la Sala fosforescente, una habitación con materiales que brillan al apagarse la luz.

Aprender con preguntas, no con respuestas

Otra de las claves del sistema “Azul” es que “se aprende con preguntas no con respuestas”, explica Dawn Williams. “El aprendizaje basado en la indagación se basa en la creencia de que los seres humanos aprenden sobre el mundo a través de preguntas y de experiencia”, puntualizan en la web. “Las escuelas a menudo diluyen la energía creativa de los niños al insistir en una repuesta común para el aprendizaje, una voz común dentro de la clase y estándares comunes”, afirman. Lo que explica la variedad de sus actividades extraescolares: desde la creación de cómics, chino mandarín, introducción al diseño de videojuegos, bailes modernos, artes creativas, diseño y confección de moda, ajedrez o baloncesto.

Padres, un vértice del triángulo

En otra de las clases, los niños, tumbados en la alfombra, rodean al primo mayor de uno de ellos, que cuenta su experiencia como músico. A su lado, hay platos con fruta cortada para el “snack time” (tentempié). En un pasillo, algunas madres charlan sobre sus hijos. Y en la recepción otras parejas toman café. “La mayoría de los colegios te abre la puerta, entra el niño, cierran la puerta y te dicen: nos vemos a las 3 de la tarde. Esto es tan extraño para nosotros. Somos padres intentando hacer una comunidad, así que nuestro enfoque es de puertas abiertas”, explica Goldman.

Cada lunes, por ejemplo, todos los alumnos, padres y profesores se reúnen en el auditorio y presentan al resto en lo que están trabajando y varias veces al mes participan un área de expertos,en el que comparten sus pasiones, ya sean arquitectos, chefs o ingenieros. Es lo que Goldman denomina los tres vértices del triángulo: “Alumnos, profesores y padres”.

Tampoco las evaluaciones son las tradicionales, se hace un seguimiento de los proyectos del alumno pero nada de notas numéricas: “Por supuesto que los niños tienen que tener práctica en hacer exámenes pero darle a los niños una puntuación, no, no creemos en esto”. “Lo que más deseo como padre para mi hijo es que tenga la máxima satisfacción personal en su vida. Así que al final, más que de notas, se trata de que aprendan a aprender, de hacerlo con alegría, de que sepan colaborar y adaptarse a cualquier circunstancia, especialmente si no sabemos cómo será el mundo, en 15 años, cuando se gradúen”, concluye.

El pasado 1 de abril, la OCDE reveló que el 28,5% de los estudiantes españoles es incapaz de resolver cuestiones cotidianas, según el informe ‘PISA 2012: Resolución creativa de problemas’. La pregunta inevitable, la Blue School es una escuela privada pero, ¿podría exportarse su modelo, basado precisamente en la resolución de problemas, a otros lugares? “Si los profesores se preocupan de la neurociencia, si saben en qué sección del cerebro se produce el lenguaje, ¿por qué no?”, responde Goldman, que explica que su propósito “es tomar el enfoque del Blue School y compartirlo de forma que pueda apoyar a los profesores en el entorno que tengan”.

Fuente: Reevo

 

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