“Morir de estrés”

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Los científicos proponen nuevas fórmulas que midan las consecuencias de la tensión emocional e insisten en que el ejercicio es la mejor estrategia para prevenirlas.

PATRICIA MATEY

Fuente: El Mundo, 29 Enero 1.998

La revista New England Journal of Medicine publicaba hace tres semanas un artículo de revisión que sienta las bases sobre las consecuencias de vivir bajo estrés.
La trascendencia, el valor, del artículo del New England reside en que se trata de una revisión. Y así se denomina a los trabajos en los que un experto en una materia concreta del campo de la medicina repasa minuciosamente las mejores investigaciones que se han realizado sobre su especialidad.
El artículo, en el que finalmente se citan 113 estudios que han sido difundidos en varias revistas científicas, redefine lo que es el estrés, sus tipos y sus efectos a largo plazo.
O como dirían los profanos, por qué un trabajador intenta quitarse la vida debido a presiones profesionales. Por qué algunas mujeres enferman de cáncer años después de sufrir una tragedia familiar. O por qué hay ejecutivos que ni fumaban ni bebían y llevaban una vida sana, pero murieron de un infarto tras vivir durante décadas bajo la presión de la cuenta de resultados.
Ante cualquier situación de estrés, externo o interno, el sistema nervioso central, el eje hipotalámico hipofisario (HPA), el sistema cardiovascular, el metabólico y el inmune responden.
El precio que cada persona paga por adaptarse a las situaciones estresantes es lo que el científico Bruce S. McEwen, de la Universidad Rockefeller y autor del artículo de la revista New England, denomina carga alostática.
Es, en definitiva, el desgaste que se produce tanto por una actividad extrema o demasiado baja de los sistemas enumerados anteriormente como respuesta a las tensiones.
Y ese precio no es el mismo para todos. Bruce S. McEwen pone un ejemplo. A la mayoría de las personas se les activa el HPA cuando tiene que hablar en público. Después de tener que enfrentarse repetidamente a este suceso, muchas de estas personas se habitúan y la secreción de cortisol (un glucocorticoide, hormonas segregadas por las glándulas suprarrenales como respuesta al estrés) no se incrementa como lo hizo durante los primeros discursos. Sin embargo, un 10% de estos individuos se pondrá siempre tenso cuando tenga que dar una conferencia y sus niveles de cortisol aumentarán en todas esas ocasiones. Otros, en cambio, pagarán esta tensión aumentando su presión arterial.
Dos factores determinan cómo se enfrenta cada individuo a una situación de estrés. La forma en que cada uno percibe esa momento (mientras que para algunos volar en avión no supone un factor de estrés, para otros sí lo es) y el estado general de salud, que está determinado por factores genéticos, ambientales o el estilo de vida.
Así, por ejemplo, las personas cuya tensión arterial se eleva durante horas después de producirse un hecho estresante suelen tener un familiar directo, padre o madre, hipertenso. Son los genes, por tanto, los que están elevando su susceptibilidad a sufrir estrés cardiovascular.
Y si no todas las personas reaccionan igual ante una situación estresante, tampoco todas las tensiones provocan la misma carga alostática.

Tipos de carga alostatica:
El primer tipo de carga alostática es la que está provocada por el estrés frecuente, aquél que causa una respuesta física inmediata. Una persona tiene que acudir a una cita importante y un atasco le impide llegar a tiempo.
Esta situación desencadena un estrés inmediato. Como consecuencia, se eleva la tensión arterial, lo que puede incrementar las probabilidades de infarto en las personas con factores de riesgo.
La segunda clase es la respuesta normal, pero mantenida, constante, al estrés. El resultado: una exposición prolongada a las llamadas hormonas del estrés (las catecolaminas, adrenalina y noradrenalina, que son las hormonas que libera el sistema nervioso simpático, y los glucocorticoides). Determinados profesionales, como periodistas, ejecutivos, pilotos o médicos, son los que más sufren este tipo de carga alostática.
La tercera: cuando la respuesta física al estrés se prolonga en el tiempo. Un ejemplo. Está demostrado que las mujeres depresivas sufren una pérdida de masa ósea. Estas féminas, cuya carga alostática es crónica debido a su estado mental, poseen concentraciones elevadas de cortisol que inhiben la formación de hueso.
En el cuarto tipo de carga alostática se produce una respuesta física inadecuada al estrés. Es decir, cuando uno de nuestros sistemas no responde correctamente ante los estímulos estresantes, ante una amenaza, el organismo actúa activando otros sistemas que no suelen ser los corrientes.

Así, si una situación tensa no eleva, por ejemplo, los niveles de cortisol de un individuo, su fisiología tiene que compensar esta deficiencia y responde con un aumento de citoquinas inflamatorias. Ensayos en ratas han demostrado que las consecuencias de esta respuesta anormal aumentan la susceptibilidad de estos animales de laboratorio a padecer trastornos autoinmunes o inflamatorios. Pero, cómo afectan estos tipos de estrés a los diferentes sistemas del organismo:

Corazón.- El sistema cardiovascular puede verse seriamente afectado por el estrés. Investigaciones que han demostrado que las personas con bajo control sobre sus trabajos y una fuerte demanda psicológica tienen más riesgo de sufrir enfermedad coronaria, o trabajos que han asociado las tensiones y las frustraciones diarias con un mayor riesgo de sufrir un infarto de miocardio lo demuestran.
“La relación entre estrés y cardiopatía isquémica está muy documentada”, afirma Juan Rodríguez Abellán, director del Simposium celebrado el pasado mes de noviembre en Valencia sobre estrés profesional, “así como su papel, por ejemplo, en las úlceras pépticas”.
En un reciente estudio, publicado en la revista Archives Internal Medicine, se determinó cuál era la carga alostática y su influencia en el sistema cardiovascular.
Para ello, los especialista determinaron que una carga alostática elevada implica poseer niveles altos de un grupo de variables distintas: presión sistólica; secreción en la orina nocturna de cortisol y catecolaminas; relación entre cintura y cadera. Es decir, cantidad de grasa acumulada en la zona abdominal; relación entre la cantidad de colesterol total y el HDL; el bueno; concentración de este último tipo de lípido, y la concentración de epiandrosterona, un tipo de hormona masculina.
Un análisis demostró que aquellas personas que mantenían una actividad física y mental vigorosa, poseían una carga alostática baja. Por tanto, el riesgo de enfermedad cardiovascular, hipertensión y diabetes era reducida.
Por el contrario, y tras un seguimiento de tres años (1988-1991), los expertos encontraron que los individuos que mantenían una elevada funcionalidad (tanto física como mental), pero poseían una carga alostática alta, tenían más riesgo de sufrir problemas cardiovasculares, así como más probabilidades de sufrir un deterioro de sus funciones cognitivas y físicas.
Y, curiosamente, durante la investigación también se observó que una elevada secreción de cortisol entre las mujeres que participaron en el estudio era un factor que predecía un posible deterioro de la memoria en este grupo de féminas.

Cerebro.- “El estrés repetido afecta a la función cerebral, especialmente en el hipocampo”, afirma el científico McEwen.
El hipocampo está involucrado en la memoria verbal y particularmente en la memoria de contexto, el tiempo y el lugar donde se producen los eventos que más impactan emocionalmente. Así, el estrés momentáneo pueda afectar a la memoria, pero esta consecuencia suele ser reversible y, además, de corta duración. Sin embargo, el estrés repetido y continuado puede atrofiar ciertas neuronas que se encuentran en una región -la denominada CA3- del hipocampo. Imágenes obtenidas con resonancia magnética de personas que han sufrido enfermedades asociadas al estrés, como depresión, o estrés postraumático lo testifican.
“No está claro si este deterioro es reversible o momentáneo”, afirma el científico de la Universidad Rockefeller. Asimismo, estudios en ratas han demostrado que el estrés crónico acelera el proceso de envejecimiento debido a que el exceso de glucocorticoides en el cerebro acaba intoxicando al hipocampo y causando daños en las neuronas.

Inmunidad.- Aunque existe la sospecha, los científicos desconocen aún cuáles son los mecanismos exactos por los que el estrés prolongado puede llegar a provocar cáncer.
“Los estudios sobre enfermas de cáncer de mama“, explica a EL MUNDO Bruce S. McEwen, “argumentan de forma clara que reducir la carga alostática de estas pacientes con apoyo social prolonga su supervivencia. Los mecanismos exactos por los que se produce este hecho no están nada claros. Una de las razones puede ser que la falta de apoyo inhiba a las defensas del sistema inmune y que, por el contrario, el soporte social rompa esta supresión”.
Otros trabajos han demostrado que las tensiones nos hacen más vulnerables a las infecciones y a las gripes.
En este sentido, un estudio publicado recientemente en Psychosomatic Medicine relaciona el estrés postraumático de algunos de los soldados que combatieron en Vietnam con un mayor riesgo de sufrir enfermedades infecciosas y crónicas.
Según el trabajo, y tras estudiar la historia médica de 1.399 combatientes, se demostró que aquéllos que sufrieron estrés postraumático tienen entre un 50% y un 150% más de riesgo de padecer problemas graves de circulación, digestivos, musculoesqueléticos, respiratorios e infecciosos 20 años después de acabar su servicio militar, cuando se les compara con los que no sufrieron estrés postraumático.

Implicaciones.- “Tener en cuenta la carga alostática es cada vez más importante para el diagnóstico y tratamiento de muchas enfermedades”, destaca el científico Bruce McEwen.
Pero, sobre todo, este concepto puede resultar relevante a la hora de orientar a los pacientes sobre las medidas que pueden adoptar para proteger su salud de los estragos que causa vivir bajo estrés.
“Los médicos pueden ayudar a sus pacientes a reconocer sus propias limitaciones, a comunicar sus frustraciones y a valorar la importancia de relajarse. También es importante que sepan que el tabaco, la dieta, y el alcohol son factores que aumentan los efectos del estrés crónico”.

El poder del ejercicio
Si usted sufre constantes dolores de cabeza, boca seca, confusión, duerme en exceso o, por el contrario, padece insomnio, se encuentra cansado, fatigado, está demasiado agresivo o irritable, padece tensión muscular o indigestiones, puede que el exceso de estrés le esté afectando.
Combatir las consecuencias de vivir bajo tensión debe ser uno de sus objetivos principales si desea proteger su salud física y mental.
Para lograrlo, los especialistas recomiendan una serie de medidas eficaces: relajación, meditación, aprender cuáles son las propias limitaciones, comunicar abiertamente los problemas, tratar de darse respiros cuando las situaciones son demasiado estresantes, buscar cierto tipo de compensaciones fuera del trabajo, buscar relaciones significativas, etcétera.
No obstante, nadie duda de que la práctica de ejercicio físico diario es la estrategia más efectiva para contrarrestar las consecuencias nocivas que causan las tensiones.
“Está demostrado que 30 minutos diarios de ejercicio ayudan de forma significativa a reducir los efectos negativos del estrés”, afirma Juan Rodríguez Abellán.
Un ejemplo de cómo el deporte actúa contra el estrés es el relatado por Bruce McEwen a EL MUNDO. “El ejercicio moderado actúa directamente contra la resistencia a la insulina que se desarrolla debido a un exceso de glucocorticoides y catecolaminas en el organismo”.

Estresados por el trabajo
La Asociación Americana de Psicología afirma que el 43% de los adultos sufre estrés. Y sólo en Gran Bretaña, por citar un ejemplo, el estrés profesional supone un gasto de entre un 5% y un 10% del Producto Interior Bruto.
Sin embargo, y a pesar de estos datos, los especialistas insisten en que el estrés laboral recibe poca atención, y las empresas y las instituciones no invierten los suficientes recursos para llevar a cabo programas específicos destinados a combatirlo.
“El estrés ocupacional no sólo está aumentando su incidencia, sino que causa un gran absentismo, aunque muchas veces estas bajas se disfrazan con otros nombres”, afirma Juan Rodríguez Abellán.
El estrés profesional estalla ante una demanda excesiva de trabajo que suele acompañarse de cierta urgencia. Otros factores como la excesiva responsabilidad, los retos, la relación con el resto de los trabajadores, la falta de toma de decisiones, incluso la sensación de monotonía, los sentimientos de alienación o la escasa valoración del trabajo realizado por parte de los superiores y el horario, pueden desencadenar el estrés profesional. Sus consecuencias van desde los estados depresivos, ansiedad, irritabilidad, descenso de la autoestima, insomnio, hasta asma, hipertensión, úlceras, etcétera.

“Los programas de intervención han demostrado su eficacia a la hora de reducir el estrés profesional. Las experiencias llevadas a cabo en países como EEUU así lo demuestran. En España, hemos llevado a cabo programas de afrontamiento y prevención del estrés en varios centros. Uno de los últimos ha sido en el Hospital Psiquiátrico de Miraflores, en Sevilla, con muy buenos resultados”, aclara Juan Rodríguez Abellán.

Entre las medidas que incluyen estos programas están “entrenar a los trabajadores en habilidades de comunicación, utilizar terapias a nivel cognitivo, valorar la importancia de la rotación dentro de la propia empresa, entrenar en técnicas de relajación e, incluso, incluir espacios de respiro“, destaca Rodríguez Abellán. Algunas estrategias adoptadas por empresas estadounidenses, como la de incluir gimnasios dentro de la propia empresa, han aportado resultados espectaculares a la batalla contra el estrés profesional.

 

Patricia Matey

Patricia Matey

Patricia Matey, Revista LVR. Comunicación Unidad TLP Ruber. Colaboración en Acciones de Comunicación y LoComunicas

Dedicada a la Información de Salud y Biomedicina desde los inicios de mi trayectoria profesional hace ya 25 años en EL MUNDO, busco nuevos proyectos en los que se defienda el valor y la trascendencia de la información médica elaborada con rigor y veracidad. Actualmente estoy al frente de la comunicación de un gran proyecto médico, científico y divulgativo como es Avanfi-tulesióndeportiva.com. Asimismo dirigo la comunicación del GrupoMasterHealth y colaboro en ElConfidencial y Joia Magazine. Defiendo mi especialidad y me gustaría seguir dedicada a ella con toda la ilusión y motivación que siempre me ha caracterizado en cualquier medio de comunicación o llevando a cabo información para asociaciones de pacientes, médicos o sector farmacéutico.

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