Las bases de la organización viva. El para qué de objetivos y valores.

La vida en las organizaciones vivas se genera a partir de una imagen clara de la realidad exterior que se desea alcanzar y de provocar la sensación intensa hoy, que sentiremos cuando consigamos esa realidad.

Esto es cierto para cualquier ser vivo, sea una hormiga, un tigre o un humano. Lo mismo sucede con las organizaciones vivas. Para moverse con su máxima expresión necesitan de:

 

  • Un objetivo común que refleje con evidencias medibles la realidad exterior que se desea alcanzar.

  • Unos valores comunes que nos mueven a conseguir ese objetivo por la intensa sensación que nos provocan.

A continuación, explicamos ambas cosas con más detalle.

 

1. Es preciso definir nítidamente la realidad exterior que se desea alcanzar en la organización viva. Son necesarias evidencias medibles para ello.

La fuerza del problema que hoy tiene la organización se basa en su concreción e inminencia. Es algo que todo el equipo ve con unánime claridad y que necesita ser solucionado urgentemente. La mente colectiva tiene la concreción que necesita, junto a la motivación para actuar.

Esta fuerza del problema prevalecerá en la mente del equipo si no se compensa con la nitidez de la realidad exterior que se desea conseguir: el objetivo.

Las limitaciones de pensar y actuar el problema en vez de ser atraídos por el objetivo son de sobra conocidas. Lo resumiremos en esta frase:

 

“No hay viento favorable para quien no tiene claro su destino”

 

Es por ello que se hace tan necesario plantearnos a la pregunta “¿cómo sabrás que has conseguido lo que deseas?”. La respuesta son las evidencias que necesitamos para medir el avance.

Tener evidencias que midan el avance ayuda en estos importantísimos aspectos:

a. Nos permite valorar inicialmente si la relación coste / beneficio merece la pena.
b. Motiva a todos los estamentos que participan en el proceso hacia el objetivo, tanto el equipo operativo como los niveles superiores o colaterales.
c. Nos permite conocer con claridad si vamos en el buen camino.

 

Pero hay otro aspecto fundamental relacionado con el pensar y sentirse como equipo: las evidencias medibles nos ayudan a crear la imagen común de cómo es el lugar al que nos dirigimos. Esta imagen común es fundamental para que todos tengan una base para comprenderse mutuamente:

 

– Para comprender el motivo de cada acción de los compañeros.

– Para orientar y motivar su creatividad individual y conjunta. Los procesos de pensamiento conjunto ya tienen una motivación y una brújula clara con esa imagen.

– Para tener también un criterio intuitivo ante cualquier decisión “¿Esta opción nos acerca o nos aleja a esa imagen?”. La respuesta va a servir de contraste y nutrirá de ideas a los procesos más racionales.

 

2. Es preciso vivir intensamente la conexión con los valores en una organización viva.

A nivel de coaching individual, imaginar las sensaciones que el coachee vivirá cuando consiga el objetivo es la base para motivarse hacia él y para que surjan sus mejores intuiciones. Imaginar esa sensación es la forma del ser humano de experimentar los valores. Gracias a esa sensación, la persona adquiere una congruencia física y mental que facilita los procesos mentales más complejos.

A nivel de equipo, la necesidad de pensar conjuntamente es clave. Los acuerdos y la creatividad del equipo dependen de esta sensación de conexión con los valores. Experimentar la congruencia con los valores comunes tiene el mismo potencial creador en el equipo que en el ser humano. Es así como la metáfora del equipo como un organismo vivo adquiere todo su sentido.

 

La congruencia física y mental que adquieren todos los miembros del equipo a partir de esta conexión con los valores facilita procesos de generación de soluciones radicalmente más creativos.

 

Al equipo le une así un estado interior común, que les lleva directamente al pensamiento conjunto.

Igualmente que en el ser humano, esa vivencia de los valores vendrá de la sensación producida por la pregunta “Si imaginas que hemos logrado el objetivo ¿Cómo te sientes?”.

En el coaching individual, la respuesta a esta pregunta se consigue con relativa facilidad a partir de imaginar el objetivo cumplido. En coaching de equipos hay circunstancias que lo hacen diferente:

– Es preciso que los valores que imaginan los distintos compañeros sean comunes (aunque también haya valores individuales).

– Es necesario que la imagen del objetivo que tengan todos/as sea similar o, al menos, congruente.

– Es necesario que la vivan todas las personas intensamente, no sólo los más avanzados.

 

Para que esa sensación pueda vivirse, es por tanto clave generar una imagen muy potente de lo que desean conseguir, una imagen que represente el objetivo con toda su fuerza. Las imágenes alcanzan toda su fuerza cuando el objetivo es MACT (variante del SMART del gran investigador del poder de las imágenes, Lars-Eric Unestahl)

– Medible, tal como explicamos más arriba.

– Atractivo, para que valga la pena poner todos los recursos. Esta directamente relacionado con el valor.

– Controlable, es decir, que la consecución del objetivo no esté fuera del radio de acción del equipo.

– Tiempo en que debe conseguirse.

 

Para ello, se utilizan diferentes técnicas en las sesiones de coaching de equipos. Podemos enumerar algunas:

– Visión del líder, que se pude completar por el equipo.

– Parrilla de la metas. Una actividad que permite completar de forma ordenada la visión del líder. El equipo decide qué cosas quiere mantener, eliminar, conseguir y evitar.

– Metáfora: “¿A qué nos parecemos hoy?” “¿Y cuando lo consigamos?” Despierta más fácilmente el pensamiento conjunto, reduciendo las críticas.A veces puede concretarse más la metáfora para ayudar a que el equipo la imagine, por ejemplo: “¿A qué animal nos parecemos?”. Así, el equipo se ve como un ser vivo.

– Recordar vivencias pasadas (éxitos).

– Ser conscientes de cómo se siente el equipo en situaciones concretas actuales de buen desempeño, en que se viven esos valores.

 

Con todas estas técnicas, lo que conseguimos es crear una idea común manejable de cómo es el lugar al que nos dirigimos, que facilita que también haya una sensación común de conexión con los valores del equipo. Mente, alma y cuerpo están entonces unidos para que el equipo pueda construir una nueva realidad ¿Qué puede pararlo?

Como siempre, el conflicto tendrá su lugar, como gran catalizador del máximo rendimiento del equipo. Lo veremos en otro artículo.

Daniel Alvarez
Fundador de Instituto Ben Pensante. Trainer oficial de International Coaching Community en España. Escritor, conferenciante y consultor empresarial a nivel internacional. ¿Quieres hacer algún comentario o ayudarnos a mejorar? ¡Escríbenos a info [@] observatoriodelcoaching.com!
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