(III) FUNDACIÓN VICENTE FERRER: Cuando la mirada está afuera, en los demás.

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“Cuando me enfoco en el otro, cuando dejo de poner la atención en mis temores, las cosas fluyen.”

 

Por Susana Magdaleno, Noviembre 2018.

La colaboración con la Fundación Vicente Ferrer (FVF) en Anantapur ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida, tanto a nivel personal como profesional.

Me gustaría empezar expresando que llegué a Anantapur con un cierto temor, casi deseando haber dicho que no, por varias razones.

La primera, porque mis experiencias pasadas de voluntariado habían sido “duras”; tal vez no estaba preparada para enfocarme en el “dar” y mi mirada estaba más enfocada en mi (lo que yo haría, lo que yo aportaría, lo que yo sentiría…), lo que, al poco tiempo, me hizo sentir mal. No sabía si en esta ocasión sucedería lo mismo…

La segunda, por la dificultad que podría suponer hacer sesiones de coaching y formación en un idioma que no es el mío; y con un acento, además, al que no estoy habituada: ¿les entendería? ¿sería capaz de seguir una conversación?.

Y la tercera, porque yendo con un equipo de profesionales de la categoría del que llevábamos, yo temía no estar a la altura.

Por suerte, mis temores se fueron disipando… y nada de lo que estaba en mi cabeza sucedió.

Más bien al contrario. Gracias a la motivación que creamos entre todo el equipo, al apoyo que nos dimos, al enfoque que pusimos, y gracias a la generosidad de las personas de la fundación y la dignidad y seriedad con la que trabajan, pude hacer un trabajo digno y enfocado en ellos; y las pequeñas dificultades con el idioma no fueron impedimento para que pudiéramos entendernos.

Mi mayor aprendizaje en este sentido es que, cuando me enfoco en el otro, cuando dejo de poner la atención en mis temores, las cosas fluyen.

¿Qué me llevo de esta experiencia, además de lo anterior?.

Por un lado, me siento orgullosa de haber podido trabajar codo a codo con un equipo magnífico de profesionales, con caminos y experiencias de lo más diverso, y al mismo tiempo con un enfoque inquebrantable hacia nuestro objetivo: apoyar y aportar todo lo que pudiéramos al equipo de la FVF, para que ellos puedan llevar a cabo su labor y lograr sus objetivos de mejor manera.

Con ellos he aprendido la importancia de ser flexible cuando trabajas en un equipo de alto rendimiento; a aceptar las cosas como llegan, sobre todo trabajando en un entorno cultural tan diferente al que estamos acostumbrados, y a adaptarme a las necesidades del equipo, entregando aquello que puede ser más útil en cada momento. Y me han acompañado a lograr el objetivo personal que me puse al inicio del proyecto: valorar mi capacidad para acompañar a otras personas como Coach y Formadora.

Pero lo más importante que me llevo, es el contacto y el trabajo con personas extraordinarias, los miembros de la Fundación a los que tuve la suerte de acompañar como Coach: Emocionarme al escuchar qué es importante para ellos durante una sesión de coaching, sobre todo cuando, lo que es importante está en las personas a las que quieren ayudar más y mejor. Sentir en la piel su intensidad cuando hablan de su motivación para hacer lo que hacen cada día, los valores que les sostienen. Vibrar con sus propósitos de futuro, donde se incluyen conceptos tan elevados como el crear Justicia Social o poder atender mejor a los que lo necesitan. Reirme y celebrar con ellos al conseguir un reto. Sentir su sincero agradecimiento por nuestra pequeña aportación a que su trabajo sea mejor.

Trabajando con ellos me he dado cuenta de lo grande y potente que puede ser un propósito cuando la mirada está afuera, en los demás; y he aprendido a relativizar mis problemas (que a menudo hago grandes cuando, en realidad, no lo son tanto).

A nivel personal, me llevo el agradecimiento de haber tenido esta oportunidad, que me gustaría repetir, y la satisfacción de haber podido contribuir, aunque sea con un pequeño grano de arena, a un proyecto tan HUMANO como la RDT.

Y, después de visitar algunos de los proyectos de la fundación y poder ver de primera mano el trabajo que están haciendo por dignificar la vida de las gentes de Anantapur y Telangana, me llevo también una nueva esperanza en la humanidad, la seguridad de que hay mucha gente dispuesta a contribuir para crear un mundo mejor y más justo. Y la consciencia clara de que tengo mucho que agradecer a la vida por todo lo que me ha regalado (que a veces doy por hecho… y mucha gente no tiene).

Y, sobre todo, me llevo el DISFRUTE de cada momento que pasé allí.

 

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