La música, una vía hacia la intimidad.

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“La música esquiva el componente temporal de una experiencia, lo respira y lo transforma en sublime”

Jesús de Diego, 2 Febrero 2018.

 

La sorprendente influencia que la música ejerce en todos y cada uno de nosotros es algo ya comúnmente aceptado hasta para el más incrédulo. Sin embargo si profundizamos un poco y nos preguntamos en cómo se establece esta conexión exactamente, la respuesta ya no está tan clara.  

  • Miles de espectadores cantan al unísono el himno del equipo en un partido que está a punto de comenzar.   
  • No muy lejos de allí, toma café un hombre con la mirada perdida y recordando a esa persona que ya no está. Mientras suena de fondo una canción de los ochenta.  
  • Una adolescente prepara su primer encuentro con un chico en su cuarto de baño. Ante el espejo, un último retoque a sus largos cabellos rizados. En el móvil suena esa canción que tanto le gusta.  

¿Qué tienen en común estas situaciones?.  

[Joan Rayó]

 

La melodía. Esa melodía que conecta directamente con una pasión, con una tristeza y con una ilusión.  

La música viene a ser una combinación de sonidos en la que hasta el silencio tiene su espacio pero ¿qué ocurre dentro de nosotros al recibir una vibración sonora agradable?.   

¿Por qué sentimos ese cosquilleo especial con ese conjunto de notas bajo un determinado ritmo?. ¿Por qué una secuencia de sonidos nos es placentera y otra no?.  

Y ¿por qué a mi me llega esta canción y a ti esta otra?, ¿por qué esto no es igual para todos?, ¿qué diferencia hay?.  

La música supone toda una experiencia en la que su armonía te proporciona una experiencia estética. También una forma de expresión que nos ayuda a exteriorizar nuestro estado de ánimo, a manifestar diversos tipos de vivencias…. La música nos acoge en nuestra parte más íntima, donde las palabras no son suficiente para la grandeza de su mensaje.   

Para la programación neurolingüística es el anclaje más intenso que podemos tener (junto con una sensación olfativa) sin ser plenamente conscientes de ello. Una asociación directa a un estado, una forma casi automática de traer al presente lo que tú vivenciabas en un momento determinado de tu vida. Es más, puedes mirar hacia el futuro y anticipar cómo quieres sentirte en un momento dado a través de las sensaciones inspiradoras de una canción; te ayuda a conectar con la disposición que deseas tener ante algún tipo de situación.

Una melodía te hace vibrar y sentir, reir y llorar, alcanza hasta el poro más recóndito de tu piel y puede llevarte hasta un cambio de estado -la predisposición en la que te encuentras- en un abrir y cerrar de ojos.

El neuromarketing es buen conocedor de este potencial e intenta aprovechar nuestros procesos mentales asociados a determinadas melodías de una manera interesada. Es complicado por ejemplo que suene una canción triste en una tienda de ropa juvenil. Una melodía potente y con ritmo puede favorecer el hacerte sentir bien por lo que será más fácil que pases por caja.  

Está constatado que la música activa una gran parte de regiones cerebrales y esto supone un importante avance a la hora del tratamiento y rehabilitación de determinadas lesiones cerebrales.   

La musicoterapia es también buena conocedora de sus virtudes y recurre a sus melodías como método para curar o reducir diversos problemas de salud. Uno puede olvidar muchas cosas, incluso a sus seres queridos en caso de alzheimer; pero la huella emocional que nos deja una canción puede ser tan profunda que hasta ni la peor de las tempestades del olvido podría llevarse ese recuerdo.

[Joan Rayó]

 

¿Y si la música fuera eso? un acceso directo que te permite ir a tu parte más recóndita, una forma de expresión que te facilitara llegar a esos rincones más escondidos del ser humano donde podemos extraer una información muy valiosa con la que poder trabajar para sanar, sentir o simplemente disfrutar.   

No somos plenamente conscientes de que tenemos delante de nosotros una nueva forma de comunicación a la que no hemos prestado la suficiente atención y que nos proporciona ese toque universal que nos iguala a todos. 

Rubricar esos momentos increíbles de nuestra vida con una melodía es la forma de participar de lo eterno. La música esquiva el componente temporal de una vivencia, lo respira y lo transforma en sublime, en algo inolvidable.   

Y hay una parte de ti que ya nunca será la misma porque has sido partícipe de un momento de plenitud, has saboreado algo inmune a tu temporalidad. Has acariciado con tus dedos la majestuosidad de la vida.  

Estoy convencido que cada ser humano tiene reservado un rinconcito de Inmensidad. Y ahí escondidos quedan para siempre nuestros momentos más exquisitos. Los reconocerás porque sonará una canción de fondo y será justamente el pálpito de tu corazón el que descifre esa melodía a través de sus sutiles susurros que mecerán tu grandiosidad.  

[Joan Rayó]

 

Las ilustraciones se corresponden con algunos de los magníficos óleos sobre tela de Joan Rayó.
Dejo constancia de mi admiración sobre su trabajo.
Y agradecer además la colaboración e inestimable ayuda de Ángeles G. Ruano, Cristina Delgado y Daniel Álvarez.

 

Gracias de corazón.
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