La segunda mitad de la vida: una amistad entrañable contigo mismo/a con la que superar todos tus límites.

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“Tu mente se guía por ese diálogo interior con el que te vas diciendo qué cosas deseas hacer. Esta fuente de instrucciones es habitualmente inconsciente, pero puedes manejarla con tu voluntad si la entrenas.”

Daniel Álvarez Lamas, 1 de Mayo 2018.

 

Cuando llegas a la segunda mitad de tu vida, los logros y apariencias exteriores van disminuyendo en importancia. Hayas tenido una vida de grandes éxitos, de sonoros fracasos o de ambas cosas, te das cuenta de que tu bienestar no depende de ellos. La segunda mitad de la vida nos iguala a todos. Tu felicidad no es un fenómeno exterior, sino que nace desde tu esencia, desde tu plenitud interior ¿Por qué renunciar a conseguirla?

Buscando en tu interior, descubres que no es cuestión de cuánto te quieres, porque unas veces será mucho, incluso demasiado y otras será muy poco, incluso te odiarás. Nuestra convivencia con nosotros mismos es tan intensa que tiene todo tipo de momentos.

Como cualquier otra relación, la cuestión no es “cuánto te quieres” sino “cómo es tu relación contigo mismo”.

Como cualquier otra relación, la calidad se ve en los momentos difíciles. ¿Te has fijado en cómo te tratas? Seguro que se puede mejorar mucho, porque, cuando lo consigues, ese momento se convierte en transitable, incluso puedes llegar a disfrutar aquello que te preocupaba como un reto.

Quizá te suene un poco nuevo todo esto. Esto es buena señal: como ya habrás escuchado, “la solución a un problema complejo no puede venir de la misma lógica que lo creó”.

Esto que te propongo es diferente, pero de sentido común ¿Quieres una ayuda express para urgencias emocionales?… Solo tienes que usar las mismas técnicas que quienes han aprendido que la mente se puede entrenar.

Tu mente se guía por ese diálogo interior con el que te vas diciendo qué cosas deseas hacer. Esta fuente de instrucciones es habitualmente inconsciente, pero puedes manejarla con tu voluntad si la entrenas. Vayamos al grano para que se entienda, no hay tiempo que perder.

Si eres capaz de seguir esta historia, creo que podrás llegar a ese lugar diferente:

Fíjate en cómo te hablas cuando cometes un error ¿Percibes ese diálogo interno? ¿Qué tono tiene la voz? Si hablaras así a tus amigos ¿cuántos te aguantarían día tras día?

¿Te hablas como un jefe/a? ¿Cómo un jefe agradable o severo/a? La mayoría de las veces que consideras que el error es grave, el jefe severo/a toma el mando.

Aquí viene la buena noticia: cuando te das cuenta, es muy fácil cambiarlo… Y no hay tiempo que perder. La próxima vez que te sobrevenga una situación que te supera emocionalmente, plantéate con mucha curiosidad los siguientes pasos:

  1. Fíjate en los mensajes que te envías con tu diálogo interno, en el tono, en tu actitud. Fíjate el efecto anímico que te producen.
  2. Fíjate bien durante unos minutos en las sensaciones corporales que se han producido: respiración, latidos, tono de la piel, sensación en la piel a lo largo de todo el cuerpo, sensación en interior del cuerpo ¿qué zonas sientes más? ¿y cómo las sientes?, posiblemente hay una en particular que sobresale.
  3. Fíjate en esa zona del interior del cuerpo donde se centran más sensaciones. Si esas sensaciones tuvieran una forma ¿qué forma tendrían? (puede ser mil cosas, desde un círculo a un erizo) ¿qué color tendría?
  4. Ahora plantéate una pregunta interesante. Esa reacción instintiva, quizá erróneamente, trata de ayudarte. Es un recurso posiblemente obsoleto, pero en la naturaleza todo tiene una función… ¿Cuál puede ser su función? Por ejemplo, puede ser que desea proteger algo, o conseguir otra cosa.
  5. Una vez comprendes esta reacción instintiva, puedes preguntarte por qué no te parece adecuada, concretamente… “¿Qué inconvenientes tiene esta reacción?”
  6. Después de este proceso, normalmente uno está bastante más calmado/a que al principio. Desde ese nuevo estado y con esta nueva consciencia de tu reacción…
    1. ¿Qué nueva forma de verlo te surge?
    2. – ¿Cómo ayudaría más tu diálogo interno?
    3. – ¿Qué te quieres decir?
    4. – ¿Con qué tono?
  7. Y de aquí en adelante… ¿Cómo quieres que sea tu relación contigo mismo?

 

Aplicando un sencillo entrenamiento mental en que manejas ese diálogo interno, el tráfico de pensamientos y emociones cambia y puedes permitirte tener mucho antes la vida que deseas… y crear una relación entrañable con tun mejor amigo/a: contigo mismo/a.

 

 

Daniel Álvarez Lamas
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